Hastío
Mi malquerida y reconvenida Raza Cósmica
P R E S E N T E
Puede decirse que he terminado el semestre.
Estoy en esa parte tan absolutamente adorable en la cual lo único que queda es esperar el correcto registro de las notas.
Este semestre (animal) me lleva entre sus patas, con el consabido resultado: cuando todo consumatum est, mi vida pierde todo su sentido. (Diccionario de la Real Academia Española, en lo sucesivo DRAE: Razón de ser, finalidad).
Bueno, no todo. Siempre hay certidumbre en el short-run.
Sé que iré a Europa en escasos treinta y siete días. Sé que mi boleto tiene (un desafortunado) retorno. Sé que quiero regresar para terminar los estudios de licenciatura y largarme a Berlin a estudiar la maestría (eso, si los bienamados H. P. D. Semo e Ibarra no disponen de mí para otra cosa).
No va por ese lado mi disgusto.
Entiéndase entonces: la incertidumbre que obra en mi haber es de origen familiar. No soporto menos/más la difícil convivencia de un hijo obsesivo-compulsivo con su madre obsesiva-compulsiva (no necesito a Mendel para comprender que tal carácter no es recesivo). Sea tan sólo porque el poder que los dos ejercemos mutuamente, sea porque su trato se torna ríspido tan pronto relucen mis ansias de cambio, el hecho es que ya van ocho días de vida casi imposible.
Y todo, gracias a mi madre...
Albricias por la lluvia. Refrescó y borró de las Torres las motas de polvo que impuso la dieta del último eje vial que mandó construir(se/nos) el Peje del Gobierno del DF.
Me gusta ver llover. Me siento de súbito transportado a tierras más civilizadas. Pero el desaire es grande: Tláloc sucumbe ante Huichilobos y la pérfida Tenochtitlán se materializa en la otrora región más transparente.

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