Y consentidor con sentida conciencia consentirá a consciente consentido...
Abrazos, animus et anima
A Diego Rivermar, arquitecto de ciudades, de verbos y de hombres. Tranquilo, chico. Tranquilo. Tú ya lo piensas y lo dices: el viernes pasado te liberó para cimbrarte de miedos. Sorprende tu entereza, asombra tu coraje: a mí me sudaron las manos tan sólo de hablarte por teléfono el lunes en la noche. Ante el riesgo de escribir y caer en frases trilladas, sólo vienen cuatro palabras a mi mente: te quiero mucho, hermano.
Intento de explicación a una nueva filia
El mercado es un mecanismo de revelación de preferencias y producción de realidad. Cuando se adquiere un bien, uno elige y renuncia. Al preferir y realizar la elección, esto es, al concretar materialmente nuestra disquisición volutiva, votamos: optamos por la emergencia, la permanencia o la desaparición de las mercancías. La mercancía es aquello transable (potencialmente intercambiado en el mercado) por su valor de cambio, en virtud de poseer cierto valor de uso ( cfr. Marx: la fuerza de trabajo bajo el sistema capitalista es mercancía en sí misma, que produce y reproduce su valor). Así, cada vez que uno consume Starbucks, vota: deseo corporativo gringo Café Sirena, S. de R. L. de C. V. , quiero que la gente reciba "salarios competitivos" ( whatever that means), escojo que los cafés estén decorados por la divina mano de Martha Stewart et. al., me gusta el café hecho con ( so called) verdaderos granos de café y no despojos filtrados en agua atroz, y lo que se acumule...
Como sea: salgo del clóset. Me gustan los hombres, perdón, me gustan los hombres y el café de Starbucks. No sufro más. Lo acepto: en mí no se asoma rastro de prurito burgués al ir casi todos los días a[l] Starbucks El Relox, sito en Insurgentes Sur casi esquina con Dr. Gálvez.
Este Starbucks es singular: abre temprano las más de las veces, a la hora en que sus pares de Galerías Insurgentes o de la calle de Francia/Juan Pablo II inician el quinto sueño. ¿En qué otro café de la zona puedo entrar a las 6:40 y ser recibido por la mano atenta de la cajera que recibe mi pago, la música a todo volumen taladrando mi oído interno con una dosis rescatable de rock pop, el espresso americano o café del día venti servido en vaso reciclado acompañado de una buena dotación de servilletas importadas? Uno queda como nuevo para iniciar un día más de 36 horas después de un café en Starbucks. Todo sea por esas madrugadas entregadas al trabajo fecundo y creador...
El Starbucks da de pleno con la terminal sur del Metrobús, en el sentido sur a norte de la más larga avenida de México (Insurgentes comienza en la hórrida Pachuca y termina en el pintoresco puerto de Acapulco). El cruce de peatones es uno de los sitios que más me gustan de la ciudad: los nuevos semáforos me transportan al Berlín oriental de la Gitschiner StraBe, de metro Hallesches Tor y sus extrañas unidades habitacionales, de la sede nacional del SPD y del edificio del Deutsche Postbank; la gente que cruza sin detenerse por un instante es la fotografía espontánea de la masa gris e informe que transita de lunes a viernes por el aparato circulatorio de la urbe. Mi cuerpo no disfruta de los mullidos sillones de este café largo y tendido: por lo demás, me esperan las celosas aulas de la H. Facultad de Economía (a las 7 o 7:30 h, según sea lunes-miércoles o martes-jueves) o voy de paso, corriendo y haciendo mi camino a mi casa (aclaro, a mi cuarto), sorteando conductores de microbuses carentes de toda sinapsis y sobreviviendo a los asesinos seriales montados en modelos Honda Accord, Ford Windstar y demás aparatos de igual o peor calaña.
Hoy ocurrió que le bajó la presión arterial a una de las partners . A la pobre barista la venció el cuerpo: no pudieron reanimarla ni el jugo de naranja apurado ansiosamente ni la Coca-Cola que graciosamente le trajo el atractivo chico que atiende algunos días un turno tan desmañanador (Alexis, se llama, ex marista, hasta donde le he escuchado decir). Se sentó nerviosamente en el sillón de piel que da hacia la calle mientras yo daba un primer y último repaso a mi cuestionario de Economía Regional y Urbana Teórica y Aplicada (oración del alumno arrepentido tardíamente de cursar INAE V con el experto en la materia: ¡Asuad inmisericorde, aléjanos de tu (des)gracia!). Sorbía mi café y sentía ya venir el desvanecimiento ajeno: la chica mueve y mueve el pie derecho, hace y deshace el manojo de sus piernas, los dedos nerviosos acariciando (casi golpeando) las mismas mejillas descoloridas. Me dieron ganas de decirle que bien podía apagar el atronador sonido que brotaba de las bocinas Bose, que podía juntar los love seat y dormirse un ratito... Por mí nunca hubo problema, pero todo duró hasta las 7:50 h. La chica cedió: su compañera de trabajo la acompañó a tomar el Metrobús o alguna lata equivalente de transporte colectivo, mientras Alexis se quedó al frente de la soberana franquicia.
La sexta y faltan tres
Hoy me inyectan la sexta dosis de 1 millón 200 mil unidades de benzatina bencilpenicilina made in Austria. Espero que el menjurje comercialmente conocido como Benzetacil surta pronto efecto: no tengo sensibilidad en el paladar, mi garganta parece telita Scotch Brite hecha jirones, a veces me duele el pecho y los oídos. Malditos estreptococos, me los imagino como paracaidistas del Frente Popular Francisco Villa o anexas, hacinados y contentos en mi tracto respiratorio superior.
Es fantasía de control, de poder, de infalibilidad, de predicción, de certidumbre: mi vida y la información completa
Lo confieso: me aterra la posibilidad de perder aquello que he construido con tanto ahínco. Porque la soledad se siembra ("la soledad es de quien la trabaja"). Porque la seguridad y la racionalidad en las que bien que mal vivo y coleo satisfacen una demanda mínima de certidumbre. Ese nivel apenas perceptible es suficiente para operar decente y castamente en el caos de México Tenochtitlán.
Para el Manuel práctico y automático apenas hay incentivos para cambiar: la segunda mejor alternativa (el costo de oportunidad de esta vida) es sencillamente inaceptable.
Y sin embargo, el Manuel emocionado y emocional está dispuesto a arriesgarse una vez más, aún y cuando el nuevo portafolio de inversión no devengue interés (el pago al riesgo y a la templanza, el premio al ahorro y a las buenas costumbres), con todo y que el poco capital se diluya...
(Ea, que el tiempo apremia)
Saldré con Diego, mi psicólogo favorito, el viernes.
El lunes: a) Aurelio me dio un gran abrazo en la cruz de Filosofía y Letras y la Biblioteca Central, con Diego y una amiga suya presentes. Su insospechada técnica de amigo cariñoso rindió frutos: Diego preguntó a Mónica: "¿Qué, son novios o quieren andar?"; b) lo invité a salir esta semana, le pedí su celular en la puerta del CELE, mencioné nerviosa y tangencialmente la heterosexualidad del acomedido Aurelio, me temblaron las piernas y traicioné una bien practicada espontaneidad para acometer graciosamente tal aventura... Desde el lunes decir "Nada resulta como uno lo piensa" es a) traición al caos como forma aceptada de vida, b) lugar común y por tanto evitado...
El martes: a) tomé un cab en Eje 10 San Jerónimo con destino al CELE (me había reunido dos horas antes con mi nueva jefa en el Colmex), con la intención de llegar temprano e interceptar a cierta personita en su camino a Ruso, b) fracasado exitoso: llegué 10 minutos pasadas las dos y entré aún más tarde a la clase de Alemán, c) encontréme a la salida con cierto individuo que ha originado tan súbita reconversión emocional en mi vida.
Catárticamente digo: odio ser chamaco (chamaqueado) de secundaria en estos asuntos de buscar pareja. Me patean con sin par encono tales novedades... El niño puede empezar a traerme loco. Tiene un gran mérito: derrumbó cual temblor de 1985 (¿oscilatorio, trepidatorio?) las hasta hace poco bien cimentadas estructuras del primer cuadro de mi ser (¿el Centro Histórico, la delegación Cuauhtémoc de mi corazón?).
Todo esto es extrañísimo, y parte de mí no puede resistir la tentación de analizar lo ocurrido con ojos de entomólogo disectando a la última mariposa monarca. Y es algo extraño: nada pudo hoy la cara misma de la Tristeza. Sentado ahí, a mi lado izquierdo, en el largo asiento empotrado al lado derecho del microbús que me regresó de San Ángel a Mixcoac, un hombre cansado, viejo, molido. Su faz parecía tallada en las carnes de algún lejano y dantesco habitante de unidad habitacional del Averno. Un mes atrás y la compasión por el desafortunado ejemplar de Homo sapiens habría borrado todo sentimiento remotamente emparentado con la felicidad maculada en turno. Hoy, la empatía no pudo hacer nada: el Señor Manuel i Medea está ansioso por dejar de ser presa y urgido por estrenar su vida ( La Gloria por el Infierno, pues, o alguna otra barrabasada del Canal de las Estrellas, Chespirito y Chabelo dixit).
Puede más la grisácea amiga lagartija que aventuró sus pasos y cruzó oblicuamente las escaleras (que ya las siento mías) que conectan al puente-desnivel de Molinos (la definición en turno depende de si es temporada de aguas, así, en plural) con la Avenida Adolfo López Mateos -el Periférico, pues, la calle que circunda y estrangula a la ciudad.
En fin, puede más un niño hombre de cabello alborotado, paso cansado y ojos infinitos...

1 Comentarios:
Echo de menos tu mail...
Beso desde madrid...!
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