IHV: in homo, veritas

croon, v.i., v.t. 1. to sing or hum in a soft, soothing voice -n. 2. the act or sound of crooning -n. 3. croon/er, e. g., Manuel aka Medea Tangerine / Medeo Mandarino / Beso insaciable en mudanza a Ceres, on "How to live as a found 21st century crooner" 4. to love an angel with silver wings like I do: a ciegas, en Braille, como quieras

24.6.06

Mi cuarto

Quizá fuera cierto. Necesitaba recuperar mi vida, mis cosas, mi cuarto. Estoy en la cama escribiendo el post, y mientras lo escribo escucho a lo lejos el sonido de los autos que rápidos transitan por la Ciudad. Todavía no me baño. Percibo el familiar olor a cama y sudor (y quizá un poco el de mi sexo, que ayer tuvo satisfacción onanista) y me relajo. Saboreo mi mundo, digo, con mis paredes repletas de pósters de las obras de arte que me impresionaron en Europa; con la ropa y los libros que me cubren, calientito; con mi sintetizador cubierto de papeles, cromos, postales y tarjetas de sitios varios; con los peluches, las fotos, los boletos de cine y los recuerdos; con la brisa entrando por la ventana de aluminio; en pijama y con las cosas regadas por aquí y por allá.

Pero la puerta está cerrada. Y este espacio es mi cuarto hasta que la puerta se abre. Una vez abierta, se vuelve parte de la casa. Y es entonces cuando el precario equilibrio conseguido en mi cuarto se derrumba.
[Se ha abierto. Mi padre, sin decir agua va o menos aún, aguas, ahí voy, ha entrado a usar la computadora de escritorio que cada vez uso menos. Masculla en mi contra. Le doy por su lado. Sí, ya me ducharé en algunos momentos más.]

Antes podía. Antes no me importaba saberme negado por mi madre. Ahora que no nos hablamos las cosas son difíciles y tensas. Ni siquiera nos saludamos. No sé ni cómo pasó. Todo empezó poco antes de irme a Costa Rica. Quizá sea porque sabe todo de mi vida, quizá sea porque no lo sabe. El caso es que se empeña en hacerme la vida de inquilino non grato, y no de hijo. Ergo, no me la paso bien en casa, que no en mi cuarto: vivir así en un departamento es tarea harto afanosa y que me compromete en demasía.

Mi cuarto es mi recinto, el sitio donde me recojo y donde, hará ya un mes, mi novio me hizo el amor de manera entregada y salobre: sudamos como pocas veces. Yo estaba de espaldas y acostado cuando le llegó el orgasmo. Continente y contenido se fundieron y dormitamos por cosa de quince o veinte minutos.

[Su mero recuerdo provoca en mi impulsos incontrolables. He de concluir este post, cuando menos... Ahora me río de los sorpresivos celos que ayer surgieron en mí. Son sensaciones emergentes que me asaltan en momentos inesperados y que termino por remontar en media hora. Hoy los celos están ahí, rotos, inexistentes. Confío en un hombre que confía en mí. Y eso me da todas las fuerzas del mundo. La mera noción de los celos es cosa que no puedo concebir en nuestra relación.]

La vida cambia. Es un supuesto que está integrado al núcleo de mi modo de ver el mundo. Sin embargo, he descubierto que mi velocidad de reacción a los cambios (casi podría definirlo como una elasticidad: el cambio porcentual de mi personalidad dividido por el cambio porcentual del cambio en el mundo) es más bien lenta (elasticidad así definida entre 0 y 1). La adaptación en mí es cosa lenta pero segura. Estoy seguro de que cambiar sí puedo: lo que me cuesta trabajo es la más de las veces prolongada duración de la transición.

He de escuchar la música que me gusta. He de regresar a lo que me define. Hace mucho que no escucho a Sigur Rós, menos aún a Björk o a las sonatas para cello de Bach. Tengo mucho qué leer, y más que escribir... Posts pendientes, correos...

Espero que las palabras que resulten de los desvaríos por venir sean del agrado de aquél por quien (como Sor Juana) dichoso vivo, puesto que suyas son...

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