Nous étions parisiéns
(A tí, cuando ambos, animus et anima, flaqueen)
Ya había sido una tarde estupenda. Habíamos pasado por Gandhi temprano en la tarde; vimos la agitada y recomendable película entre ficción y documental llamada Tarnation; comimos un delicioso pastel de sabor zanahoria limón en un cafetín de la misma Cineteca.
Pasé minutos que parecieron horas mirándolo, sentado como estaba, leyendo un libro de materia harto académica. Volteó a verme. Su cara entera de niño risueño y hombre que afina con esmero los detalles de una vida feliz me fascinó una vez más. El efecto de sus ojos verdes es hipnótico: es fácil arrobarse con la luz que irradia su alma por ellos. Justo la paz que necesitaba después de terminar El pintor de batallas, de Pérez Reverte, libro como pocos en la vida, de tristeza y desengaño infinitos.
No era sexo. No hubo más roce entre nosotros que el paseo de miradas y jadeos de admiración entrecortados y en voz baja. El placer que sentí al regocijarme y recogerme en su ser fue en todo semejante a los éxtasis que de él he experimentado en mí: como pálpitos eléctricos, como toda su virilidad estremeciéndose, agitada, satisfecha, caliente, como fuente brotante, extenuada.
Como sea. Íbamos caminando a su auto, entre sonrisas y bromas, en ese lenguaje que suena bárbaro a los oídos ajenos, en esa lengua que entre él y yo hemos creado cada día. El cielo no auguraba lluvia pronto: palidecía ya a las ocho de la noche, y dejaba que la luna esquiva asomara la mitad de su cabeza. Le señalé la bienvenida y tierna presencia de Coyolxauhqui en el cielo. "Es tu luna". Por toda respuesta, entornó los ojos. He dicho antes, con Zaid como profeta, que cuando niega los ojos la noche llega. Pues bien, el Erario me regaló el día más radiante - y la calma.
Salimos del estacionamiento. Vimos películas piratas. "Él ya lo ha visto casi todo", pensé, cuando posamos distraídamente la atención en los títulos. El Erario cinéfilo es con mucho de los Erarios que más me gustan. Él no es la excepción: en todo humano conviven varias personas, lección que aprendí gracias a Hesse y a su Steppenwolfe. El Erario concilia en sí miles de rostros, miles de pasos, miles de historias.
Caminamos hasta detenernos junto a su coche. Me atropelló la felicidad. Nos fundimos en un abrazo que prolongó los hilos invisibles de la Suprema Voluntad que gobierna el Universo. Al afortunado calor de su hombro siguieron besos tiernos que curaron mis labios (literalmente) rotos. "Te amo", le dije, a sabiendas de que la tarde fría y la tranquila despedida pudieron haber ocurrido en París. "Te amo", le dije, y me devolví a su historia - y a mi presente.

8 Comentarios:
Ay mi amor
No puedo decir nada
qué bonito post
qué bonito eres
Me encanta tu amor, es más que bueno.
Solo alguien asi de feliz como puede serlo uste' sin tener que estar en Paris, es capaz de hacer tan grande honra a la labor de anfitrión.
Gracias a uste' y al Erario Inagotable por todas sus atenciones. ¡Que Dios les de mas!
Erario: Nene lindo... todo por tí y para tí. Habrás de ver que saldrás avante de tu prueba. Lo sé. Es hora de confiar...
Tremas: Ay. la modestia aquí a mi lado... Me sonrojo. Es deber primario de todo chilango de buena cuna atender al huésped como se merece... Más de un estado tan lindo como Guanjuato. Que Dios te bendiga, amigo.
Erario Inagotable:
La verdad es un placer tener al lado a este ser humano tan bello, cuídalo! mucho por que son contados en sus existencia, y solo me queda decirte Medeo que debes entragarte y corresponder de la misma forma que lo hace tu pareja por tí.
P.D. Hagan la tarea
Bye
Sencillamente humano... Te deseo destellos de felicidad todos los días de tu vida.
Un abrazo.
Ay Medeo, me emocionas. Me produces un revoltijo de emociones, entre la lágrima y la verde envidia. Que suerte amar y se amado así.
Un beso
Waaaaaa... tears tears tears (me gustaría pero me obligo a guardar compostura en la ofna.)
Yo quiero a mi baby, lo extraño, snif...
Y me alegro mogollón por vosotros dos
Besos
Montano: De eso se trata... find a treasure, and then cherish it... Pronto haremos caso a tu recomendación, ji ji.
Yayo: Y por fortuna, humano, y no ángel de Wim Wenders en Berlín... Un abrazo amigo.
Marga: Ay, querida... No sé por qué... pero no quiero verte llorando. Algún día habremos de tomar café juntos, y ese día te daré un fuerte abrazo, para celebrar que alea jacta non est...
Meow: :'( No hay que llorar. El finde ha llegado, y estoy seguro de que podrás desquitarte...
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