Cancelación vía SMS a las 8:58 h del 22.10.2005 ("problema" resuelto)
Diego:
A la vista de lo ocurrido, me veo en la imperiosa necesidad de serte sincero y aclarar las cosas. Lo pongo por escrito para eliminar lo que comienza a ser un lastre innecesario y evitable. Me veo impelido por las circunstancias a revelarte directamente lo que siento y pienso: parte de mi intimidad fue exhibida, violentamente y sin mi consentimiento. Me mueve la brutalidad de los eventos, me lo piden la pena y el dolor que siento, me obliga el respeto que te debo.
Vaciar mis ideas en una pantalla antes vacía es liberador y reconfortante. Cuando escribo, las ideas adquieren vida propia y se independizan de mí. Mucho es lo que hay que explicar. Me aseguraré de no dejar nada importante sin decir. Me disgusta que las cosas queden ocultas o sin hacerse. Por eso escribo: es una manera de ser franco, abierto y honesto con uno mismo y con los demás. Si escribo es porque para mí tiene gran importancia aclarar las cosas.
Sólo te puedo pedir que interpretes y le des significado a mis acciones a la luz de lo que ocurrió y ocurre directamente contigo. Sólo te pido que derives conclusiones de lo que yo te diga. Es todo.
A Mónica la conozco desde primer semestre. Empecé a ser su amigo en los últimos meses. Ella ha sabido que yo he estado solo desde hace tiempo. Mónica me dijo que quería presentarme al amigo gay de sus mejores amigas, Gaby y Frida. Pensó que sería buena idea que yo te conociera. Enfrentó una pertinaz reticencia de mi parte: no soy gran partidario de la idea de buscar activamente pareja. Sin embargo, estos últimos meses he estado más dispuesto a relacionarme con los demás y a no dejar pasar las oportunidades: soy más afecto al riesgo, pues. He de aclarar que no le tengo cariño a la incertidumbre: en lo posible me informo sobre el verdadero alcance de mis acciones. Mi manera de ser me impide dejarlo todo a la suerte.
Ocurrió entonces que a finales de septiembre encontré a Mónica y a Guadalupe afuera del CELE, a las 14 horas. Yo llegaba a alemán cuando tú saludabas a Mónica. Mónica nos presentó y sugirió precipitadamente que saliéramos el viernes 30 de septiembre en la noche a Coyoacán. Mónica me dijo después que tú eras el chico en cuestión. Fui a Coyoacán sin más plan que conocerte. Avisaste que no llegarías dejando un recado en el buzón del teléfono celular de Guadalupe. Guadalupe nos dijo hasta el lunes: ella no había ido con nosotros. La siguiente semana te disculpaste en persona, y quedamos de vernos por primera vez en tu Facultad.
El viernes 7 de octubre fuimos a Psicología y desayunamos. Platicamos algunas cosas. Quedé gratamente impresionado. Todos tus sueños, tus metas, tus gustos y tus ideas me dejaron entrever que eres una persona interesante y singular. Todos mis amigos y amigas son personas no comunes; sus existencias son apasionadas y apasionantes; se entregan a la vida sin resignarse a lo mediocre, a lo vacío, a lo cotidiano.
¿Sabes lo común que es encontrarse a un chico que se esfuerce denodadamente por entrar a un laboratorio de trastornos del sueño pese a la reticencia de la responsable del proyecto, o que hable francés y estudie ruso, o que haga pasteles sobradamente deliciosos, o que busque especializarse en neurociencias, o que escriba un ensayo para obtener la beca Profuturo GNP a Harvard? Puedes imaginarte que estas cosas me llamaron poderosamente la atención y alimentaron un objetivo, conocerte más. Pude darme cuenta de que eres un chico estupendo, educado, alguien con características que yo busco en las personas con las que me relaciono y, más aún, con las personas con las que me gustaría iniciar una relación de pareja. Debido a estas razones me empezaste a gustar. Para mí son cosas distintas la atracción y el agrado: una persona puede resultarme atractiva y sin embargo no gustarme. Si he decirlo objetivamente y sin tapujos, sea: me resultas atractivo y me gustas.
Después que los dejamos a ti y a tu amiga, Mónica se encontró con Gaby y con Frida. Intento asumir lo mejor de las personas, hasta encontrar pruebas en contrario. Gaby era la mejor amiga de Mónica: asumí que podía tenerle confianza desde un principio. Me dijo que por el momento tú estabas solo. Gaby fue testigo ocasional de mi agitación y partícipe de mis dudas. Esto no lo niego en ningún momento. De ahí a que presenciara directamente mi situación, hay un abismo muy grande. Sólo me vio tres veces: en Psicología, en Filosofía y una vez caminando por Eje 10 Sur San Jerónimo. No me ha tratado lo suficiente para saber cómo reaccioné en toda la situación. Su información es incompleta y a decir lo menos inexacta.
Mónica te dijo a principios de la siguiente semana que ella quería presentarte un amigo para que lo conocieras. Ella te sabía solo y por tanto pensó que sería buena idea que nos conociéramos. Aclaro que ella sabía que me gustabas y que yo tenía la voluntad de seguirte tratando. Me pareció muy alentador que no te negaras a conocerme. Le pedí a Mónica que en lo sucesivo fuera conmigo lo más objetiva posible: no me gustan las mentiras ni las verdades maquilladas. El miércoles 12, afuera del CELE, propusiste que fuéramos a comer el viernes 14. No sé si te diste cuenta de mi inquietud. En ocasiones anteriores he tenido problemas por mi inexperiencia en estos menesteres: de ahí el nerviosismo y la vacilación que sentía al verte.
Mónica y Guadalupe me acompañaron. Te esperamos y fuimos a Filosofía y Letras; Guadalupe con su amiga Cristina, Mónica con Gaby. Nos dejaron solos unos momentos, platicamos un poco sobre tu hermano y tu pequeño sobrino y sobre la salud mental en México. Partimos. Mónica y yo dejamos a Gaby cerca de la Facultad de Medicina (Frida jugaba fútbol). Para minimizar mi incertidumbre, le pedí que averiguara si tenías pareja y tu opinión sobre mí. Nada más. Con el aval de Mónica, ella se ofreció con gusto y me dijo que lo haría discretamente. Ella supo de la desesperación que sentí por la novedad y el desconocimiento que yo tenía de las cosas que ocurrirían si habría de conocerte.
No negaré que yo ya estaba entusiasmado: de hecho me sentí contento como no me había sentido en algún tiempo. Experimenté la emoción que embarga a cualquier persona al conocer a alguien que le gustó y a quien, de ser posible, buscaría cortejar. No creo haber perdido el sentido de realidad, de límites, de restricciones. Enamorarse es que alguien te resulte atractivo, que ese alguien te guste por su manera de ser y que consecuentemente busques explorar tus posibilidades, conocer al otro y dejarse conocer. En el enamoramiento las emociones se ajustan en función del futuro próximo y de un futuro ideal. Yo sólo inicié tal proceso: no me di permiso de más. Decidí voluntariamente estar más contento, más dispuesto; ser más atento y más seguro. Las personas que me tratan y las que me quieren me encontraron cambiado: si ocurrió fue porque permití que sucediera deliberadamente. Tenía que hacer acopio de fuerzas: me preparé pensando en un cortejo decididamente largo.
Mi vida está marcada por los muchos intereses y actividades en los que ocupo mi tiempo: es obvio que me gusta planear las cosas y que lo aleatorio ocupa un lugar relativamente reducido. Creo que la vida se vive con congruencia, con respeto, con compromiso, dándolo todo en el momento. De otro modo la existencia es gris y taciturna, silenciosa y aburrida: no vale la pena, no es memorable. Se vive o no se vive, pues. Ya no me gusta sufrir en vano. Pedirle a Gaby que te preguntara si salías con alguien y que supiera tu opinión sobre mí fue una manera de ahorrarme un esfuerzo que no debí evitarme y de prevenirte una situación incómoda que finalmente ocurrió. Asumo mi responsabilidad: esa fue la decisión más equivocada que pude tomar. Elegí erróneamente y renuncié a la posibilidad de conocerte en condiciones más favorables.
Soy honesto cuando digo que no estuve enamorado perdidamente de ti. No te conozco lo suficiente para que lo anterior hubiera ocurrido. Algunos detalles bastaron para que me gustaras, para que yo buscara conocerte y saber realmente quién eres, qué piensas, qué buscas. Puedo decir que apenas empecé a enamorarme: obviamente me ilusioné y dejé que ciertos sentimientos se manifestaran. Pero mi sentido de la realidad es más fuerte. En ocasiones anteriores he sido lastimado por comprometer ociosamente mis emociones de manera anticipada. Es lógico entonces que todo esto me provocara agrado y ansiedad en la misma medida. Lo reconozco: cuando encuentro probabilidades medianamente favorables, soy una persona muy emocional y sensible. Me gusta sentir las cosas de una manera especial. El recuerdo de los actos que realicé y de las emociones que sentí es, en última instancia, de mi único y verdadero dominio. Mis sentimientos me pertenecen y en consecuencia no los siento por cualquier persona. Tú fuiste la inesperada y agradable interrupción de una vida que se me diluye entre obligaciones escolares y académicas. Lo que dije a mis amigos y lo que escribí en mi blog {http://inhomoveritas.blogspot.com} dan prueba de mis emociones y mis temores.
Ese fin de semana yo hablé tres veces con Mónica por teléfono, una el viernes, las otras el sábado y el domingo. No me guardé mis dudas, tampoco mis reservas sobre haberle pedido a Gaby que hablara contigo. Supongo que a Mónica le sorprendieron verdaderamente las llamadas: nunca antes en nuestra amistad le había hablado tantas veces. A ella esto le resultó interesante y se lo comentó a Gaby. Ese fin de semana me quedé en casa, haciendo tarea, aminorando la carga cotidiana de trabajo. Con impaciencia sentí que la situación requería que yo mismo, y no terceras personas, revelaran mis preferencias. Ya tomaba forma la decisión de invitarte a salir: el lunes o el martes te pediría personalmente que nos viéramos el viernes 21 o el fin de semana. El domingo, Mónica me dijo que Gaby no pudo localizarte ni un día ni el otro.
Suponiendo que yo desearía saber las cosas lo más pronto posible, el lunes 17 Mónica me dijo que podíamos llamar al celular de Gaby para saber si ya había hablado contigo. Estábamos en la cafetería de Diseño Industrial. De mi celular salieron dos llamadas. La primera, a las 12:43: la llamada se cortó. La hizo Mónica. A las 12:45 marqué yo al celular de Gaby. ¿Por qué yo y no Mónica? Porque el crédito de la línea se acababa y porque Gaby y Mónica hablarían mucho rato antes de esclarecer el motivo de la llamada. Le pregunté rápidamente. Gaby me dijo que aún no había hablado contigo, y que no me preocupara, que sería discreta en todo el asunto y que yo sabría a través de Mónica. Yo decidí no hablarle más por dos razones: una, Mónica se iba a enterar primero, y dos, porque ya me había decidido a tratarte sin mediación y averiguar las cosas por mi cuenta. Supongo que si te enseñó las llamadas que entraron a) estas fueron dos, realizadas el lunes a mediodía y b) fueron hechas desde un celular. Yo no tuve el número de celular de Gaby hasta ese día. Jamás le hablé de mi casa. Nunca tuve su teléfono particular. Cualquier otra cosa es falsa. Y todo esto me resulta muy curioso, porque Gaby nunca le llamó a Mónica, como habían acordado: le envió un correo informándole brevemente que tú habías regresado con tu pareja, a sabiendas de que Mónica no revisa su cuenta sino hasta los fines de semana.
El martes Mónica y yo dejamos una tarea de Introducción a la Econometría en la oficina del profesor Galindo, en un edificio muy cercano al CEPE. Regresamos por Filosofía con dirección a nuestra Facultad. Nos encontramos a mi muy querido amigo Aurelio. Nos encontraste ahí, platicando. Poco tiempo después, ya en la entrada del edificio A del CELE, te pregunté si querías salir conmigo esa semana. No noté nada extraño. Un día después, nos encontramos a la salida de las clases. Mónica fue a sacar copias. Yo procuré asegurar una fecha. Comprenderás que en este momento mi agenda no permite cambios de última hora. El viernes, quedamos. El viernes... El miércoles te saludamos otra vez. El jueves Mónica revisó desacostumbradamente su correo, habló contigo y me dijo todo lo que yo tenía que saber. Y el viernes no nos vimos: tuviste que preparar una exposición y yo no te pude decir lo que aquí te escribo.
No creo que hayas notado en mí lo que habría correspondido al relato de Gaby. No estoy obsesionado: no te llamé a tu celular ni te busqué afanosamente y sin descanso. Son cosas que yo pude haber hecho y sin embargo no hice. Creo que de seguir la situación una trayectoria normal yo hubiera ajustado mis expectativas tan pronto como hubiera sabido de ti y de tu relación. Ya no me aferro voluntariamente a seguras imposibilidades.
¿Qué puedo pensar de Gaby? Yo no sabía ni sé mucho de ella. Ella te dijo algunas cosas que no eran fieles a mi realidad. Ella tergiversó y hasta caricaturizó mis sentimientos. Me siento ridiculizado. Nunca sabré si lo hizo adrede o si fue de manera accidental. La mención misma de mi personalidad como neurótica es risible. ¿Por qué? Porque yo soy el primero en asumirme como tal, desde mucho antes de conocerte. Lo tomo a gracia. Es una forma de afirmar lo que puedo ser al tiempo en el que puedo reírme de ello. Mantener la estabilidad emocional exige una cuota: reírse de uno mismo. Es algo que nunca he negado y es un asunto sobre el cual Mónica, Guadalupe y yo hemos vuelto a lo largo del semestre: motivo de risa, pues. Mónica se lo mencionó alguna vez a Gaby. Gaby lo tomó fuera de contexto y me caracterizó como neurótico a raíz de haberte conocido, lo cual es falso.
No me siento mal porque tú tengas pareja: al contrario, me siento muy bien por ustedes dos. Sé que tu pareja es afortunada por tenerte en su vida: los chicos como tú son escasos y más aún las personas bendecidas por tenerlos en sus vidas. Es un desengaño soportable. Todo esto duró tan poco tiempo. Simplemente me siento muy triste y apenado contigo porque alguien usó asimetrías en la información en mi perjuicio.
El problema aquí fue la intervención de una persona ajena a mí. Lo que en realidad ocurrió fue que Gaby exhibió mi privacidad, y lo que es más, mintió sobre mí. Ella tenía intereses particulares y necesidades propias que satisfacer: una agenda propia. No me aventuro a decir por qué: puede que ella quiera algo contigo; puede que no soportara la idea de vernos a ti y a mi juntos, como le hizo saber una vez a Mónica, amén de que Gaby sabía que yo le resulté atractivo a Mónica algún tiempo atrás; puede incluso que le hayan dado celos porque todos nosotros salimos contigo sin invitarte. Sería estéril preguntarle su razón. Es inútil, y dudo que me la haga saber. Puedo muy bien vivir sin esa certeza. Además la respeto por ser tu amiga y porque es la mejor amiga de Mónica. Sólo sé que lo que hizo fue injuriante. Que al descubrir algunas cosas y malinterpretar otras me causó mucho daño. Que me siento traicionado. Que convenía que estos asuntos fueran tratados directamente entre tú y yo. Que me provocaría mucha tristeza si tú y yo nos alejamos y quedamos en los peores términos cuando el malentendido ni siquiera fue entre nosotros.
Nunca me imaginé que las cosas podrían terminar así. Lamento que haya sido contigo. Diego, te considero alguien valioso, alguien a quien realmente valdría la pena seguir conociendo y conservar como amigo. Créeme si te digo que soy el primer interesado en respetar tu compromiso con otra persona. Intento guiar mis acciones por el respeto que se le debe a todos. Las más de las veces lo logro. Lamento que estés incómodo y que puedas tener ideas equivocadas sobre mí. . Pero al menos de mi parte hay todo para dejar bien las cosas.
Lo que pase de ahora en adelante depende de ti. Yo intentaré comprender lo que tú hagas. Te corresponde el pleno derecho de elegir. Yo he actuado, si bien tardíamente. Creo que una vez que otra persona intervino no me fue posible elegir entre las alternativas. Tú no me has causado ningún daño. Te dije y te lo reafirmo: sigo pensando lo mejor de ti. Podemos alejarnos, podemos voltear a otro lado y no saludarnos cuando nos veamos en el CELE. Sinceramente eso no es lo que quiero: una situación así puede unir a las personas que la vivieron. Prefiero pensar que lo que sucedió puede quedar en un pasado titubeante y que podríamos verlo como el mal comienzo de una excelente amistad, siempre en el mejor de los planes. En consecuencia, te ofrezco mi amistad sincera. Tú, ¿qué dices?
Te abraza,
Manuel

3 Comentarios:
Mi madrota Medea...agregeme al msm mensajero instantaneo y asi podre estar mas cerca de usté...Yepa Yepa...Ajua Ajua...aclaro desde que fantaseo sexualmente en blanco y negro con Lucy y su marido (I love Lucy...so deep!!!) y encontre las fuerzas oscuras para unirme a su infernal cruzada malevola...la depresion se ha ido a hacer puñetas...bueno ahora que no tengo que comer yo tambien me las estoy haciendo...Salud!!!
Hola Manuel.
Confiésote que había estado leyendo con ilusión tu historia con el psicólogo, pero con esta carta/resumen me queda la impresión que la situación se complicó, si me lo permites, innecesariamente, amén de las complicaciones que cada actor aportó. Seguía el desarrollo con ilusión pero el giro que tomaron las cosas me tiene consternad. En primera, si no te molesta un comentario "anónimo", creo que debes seguir pensando que Gaby no actuó de mala fe. Sólo por salud mental y porque todo amigo se merece el beneficio de la duda, no?
Mi muy admirado bloguero, ojalá supiera qué decirte para que te sintieras mejor, pero no quiero caer en el lugar común de decirte que él se lo pierde o que encontrarás a alguien mejor. Es decir, en realidad lo creo, es sólo que no quiero decirlo. Ánimo!
La virgen suicida: Escaso es el tiempo, el MSN Messenger esperará hasta las vacaciones...
Eduardo Irabien: Quisiera pensar lo mismo, pero no puedo, nomás no puedo...
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