IHV: in homo, veritas

croon, v.i., v.t. 1. to sing or hum in a soft, soothing voice -n. 2. the act or sound of crooning -n. 3. croon/er, e. g., Manuel aka Medea Tangerine / Medeo Mandarino / Beso insaciable en mudanza a Ceres, on "How to live as a found 21st century crooner" 4. to love an angel with silver wings like I do: a ciegas, en Braille, como quieras

19.1.05

Metafísico estáis (o estaba)...

¿Es realmente tan difícil encontrar a alguien que pueda ser tu pareja? ¿Es una pregunta sin respuesta, un desvelo sin motivo, una preocupación sin razón, un problema tan irresuelto y dañino? ¿No se puede vivir en soledad, acostumbrado, atenido y aferrado, contento y satisfecho con las cosas que ya tienes? ¿Es función necesaria del hombre sentirse dueño de sí mismo para alguien más, dependiente y exógeno a la vez de otra persona? ¿Es acaso una forma de llenar el vacío que tienen nuestras vidas exteriormente repletas, felices a la manera consumista y hechas ya a un estilo pequeñoburgués decadente?
Preguntas todas estas que me rondan entre disperos pensamientos momentos antes de caer en sueño profundo (sueño producto, baste decir, de un día agotador y agotado en infinidad-de-cosas-por-hacer para no tener cosas-molestas-en-las-que-pensar-antes-de-ir-a-la-cama). Mi vida parece ser feliz -al decir de muchas personas-: carrera en la que sobresalgo académicamente, futuro profesional prometedor, habilidades en idiomas, trabajo sencillo y pleno, amigos interesantes, familia funcional... Extrañamente, tengo una difusa necesidad que no puede ser entendida sistémicamente: amar y ser amado por una pareja.
Así es como transcurren últimamente mis días: definiendo el problema.
Debes saber, sin embargo, que plantear la cuestión no será, como en cualquier burda investigación (adjetivándose como burda por ser tal la naturaleza del presente problema, no ataques aún), fácil de atajar. Porque pareciera que una vez definida la pregunta a contestar, el teorema a probar, el tema a desarrollar, cuentas con los conocimientos (o al menos una idea de cuáles necesitas) para salir como Alejandro Magno a conquistar el mundo hasta llegar a India. Con la definición de mi problema, lector de estas mis pobres líneas, apenas y estaré sumergiéndome en las profundidades abisales. Entraré a un mundo desconocido por mí, en el cual mi logos y mi scientia de poco o nada servirán; testificarás tú estos disparates antológicos.
Quizá sea mi destino tener una idea más bien idiota de los menesteres amorosos...
¿Por qué el ejemplo del gran héroe macedonio, y sus incursiones en las tierras de Brahma, Vishnu y Shiva, pagana tríada panteológica más interesante a veces que la Trinidad de la tradición cristiana? Porque bien, en la esencia misma de su conquista, estuvo en él la decisión del límite de las tierras mismas a conquistar. Su voluntad (o bien, el punto definido que quiera reconocer el psicoanálisis como la acción que el individuo cree originada directamente en la parte más elevada de su espíritu y raciocinio, sin menoscabo de los no-conscientes) fue haber dejado las cosas hasta donde se quedaron (por eso decimos que Alejandro no conquistó China, por decirlo de manera simple e históricamente poco fundamentada). ¿Dejo el ejemplo o prosigo en mi intento de provocar un infarto en mis amigos historiadores del mundo occidental antiguo? Creo que no, lo dejaré hasta que se acabe su valor-uso, esto es, la utilidad que tendrá para satisfacer la necesidad (que yo mismo te induje) de saber por qué considero que plantear la pregunta es sólo el inicio de un camino sin retorno y sin salida individual aparente.
Alejandro (dejaremos para luego un análisis de su apenas disimulada bisexualidad y las difíciles condiciones a las que se enfrenta el señor Colin Crawell, macho metrosexual de altos cuños escoceses y eventual intérprete en una película semibiográfica del genial y fallido rey del mundo conocido) se sabía dueño de un poder gigantesco. No es fácil vacilar para conseguir la satisfacción del primigenio deseo propio, teniendo en las manos las riendas del ejército más grande jamás visto por la gente de aquéllas lejanas épocas. Es por esto que creo que estuvo en Alejandro llegar a donde quiso llegar. Considerando los motivos visibles (expansión del imperio, gloria registrada en los anales históricos, satisfacción de los dioses y renovación de la beneficiosa alianza religión-poder) y ocultos (egolatría y pasión desbordada de Alejandro por su amante muerto hacía ya algún tiempo, incorporada en un súmmum de fiestas de tripas y ciudades destrozadas al paso del ejército macedonio -nunca un marica tuvo tanta sangre en sus pompas fúnebres, y fijate que he dicho pompas), Alejandro tuvo ante sí la oportunidad de seguir avanzando. La Historia registra el desánimo, descontento (se dice incluso, franca rebelión, cometiendo el importuno de igualar a Alejandro con algún timorato pseudolíder político de nuestros días) y desidia de los cuerpos armados bajo el mando del joven emperador para continuar conquistando tierras, hombres y riquezas.
Alejandro cedió, enfrentado a la cruda realidad que todo monarca serio debe, llegado el momento, considerar: será muy ungido por los dioses, pero el pueblo puede tener a bien darle las gracias y despacharlo al Hades. Trazado tuvo el camino, hasta ese momento, hasta que sus medios se agotaron: "He de conquistar el mundo, para olvidarme de los fantasmas que voy dejando mientras lo conquisto".
Mi problema es más bien ignorar las repercusiones de definir al problema. Ignoro los medios, ignoro las formas de acometer la empresa, ignoro si me será particularmente desfavorecedor (o si ya lo está siendo)...
Debes saber que para una persona tan escrupulosamente metódica en su forma de abordar los problemas (el conocimiento y el aprehendizaje antes de definir las cosas), el amor se torna en una chose trés difficile.
No tengas miedo, Manuel. Vomita las palabras, aún y cuando sientas que traerán problemas a tu vida...
Amaré y seré amado por alguien.
Esa es la cuestión.
Todas y cada una de las palabras
¿Alguien?
Me figuro a alguien en jeans claros, zapatos tenis o casuales, camisa a cuadros y chamarra azul oscura. Estamos en un lugar más bien frío, en medio de una de esas zonas de transición pastizal bosque templado (para mayores referencias, donde el pasto se queme con las primeras heladas del invierno y parezca ser amarillo desde los primeros días de la Creación). Ese alguien tiene lentes, o bien oscuros o bien se oscurecen con la luz de un sol que deja caer sus cálidos rayos y no consigue ni siquiera así calentar la tierra que abrasa, por culpa de los vientos fríos que se encuentran como fenómeno natural gobernante de tal ecosistema. Es de complexión media, ni muy flaco ni muy gordo (lo digo tal cual es, no tengo miedo a las palabras): cuida su figura pero no comete suicidio por una barriga común. Tez blanca, tez morena, cabello castaño oscuro, rubio, negro: no le gusta ser extravagante cuando se acicala. Sabe que la manera de vestir proyecta parte de su yo interno y revuelto en mil viscisitudes. Viste de acuerdo a la ocasión: es un picnic, un pequeño refrigerio alejados de la ciudad que tanto amamos (en el supuesto que también ame y sea amado por nuestra Madre en el Anáhuac, la Urbe de los Veinticinco Millones).
Discutiremos sobre Aristóteles, Hegel, Kant, Kierkegaard, Descartes y Sartre; sobre Smith, Friedman, Keynes, Stiglitz, Marx y Marshall. Conversaremos sobre Camus, Vargas Llosa, Borges, Wilde, Saramago y Faulkner; sobre Tarantino, Spielberg, Lucas, Kubrick, Allen y von Trier. Polemizaremos sobre Tchaikovsky, Bach, Chopin, Beethoven, Prokofiev y Dvórak. Hablaremos sobre Air, Pink Floyd, Sigur Rós, Muse, Björk y coldplay. Me instruirá en saberes matemáticos, conocimientos de física y química, en formas de organización biológica semejantes en todo a ordenamientos alfanuméricos incomprensibles. Le participaré en saberes reservados a la pretensión matematizadora de los economistas, le diré amor en todos mis idiomas, le contaré de las cosas que amenazan al mundo y al hombre en ese momento.
La música que sale del estéreo de su auto compacto es perceptible y agradable. Es la tarde. La noche nos sorprende bebiendo un estupendo vino chileno y degustando lo que quedaba del queso comprado en la mañana.
El amado amante se me acerca y pide que pasemos la noche ahí. Mi espíritu normalmente neurótico sale de paseo, y permito ese desliz de espontaneidad (desliz siempre perdonado y perdonable, es la persona que resuelve el problema). El atardecer que difumina el color rojo, mismo que alcanza a su par violeta en el espectro visible, cede. La noche cae y el frío arrecia. Nuestras gruesas chamarras protegen hasta cierto punto. Sus brazos caen por mi espalda. La música sigue su ritmo, indiferente. Me abraza con esos sus brazos de hombre y niño inacabado. Susurra a mi oído poemas de Sabines, de Benedetti, de Pessoa, de Whitman. Acurruca su cuerpo erguido junto al mío y encuentra que ambos organismos encajan a perfecciones micrométricas (las que empiezan a no importar). Sabe que las diferencias enriquecen a ambos. Reconoce el valor de la comunicación en la pareja. Es honesto y sencillo. Pese a tener éxito en la vida, puede bien colocarse en lugar de los no favorecidos; pese a estar derrotado, sabe reponerse y pedir ayuda.
Me ama y es amado, lo amo y me ama.
No hay más que decir.

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