De soledades vividas el jueves en la tarde
Sexo por compasión o una lección de humildad
Puede que el reciente periodo de desvaríos y desatenciones para con [el] Manuel-de-30-años (soy fiel partidario de la triple personalidad de la autoría de mi dulce Prometeo, prometeonoesuntraidor.blogspot.com) se deba a la ya larga ausencia de actividad sexual. Desde que pequé el Jueves Santo de 2004 -¡Oh tempora, oh mores!-, siempre bien recordado por el hombre del olor a jabón más delicioso en División del Norte y Miguel Ángel de Quevedo (Charlie Angels in DVD que viste como nos regocijamos, ora pro nobis), por la gorra que de él aún conservo en bolsa de plástico para no olvidar su olor y por el sexo vainilla más delicioso que jamás he tenido, no ha habido consumación de deseo que valga la pena (sí, lo digo por tí, Cristhian, y también por el psico-sádico largado a Suecia de cuyo nombre me acuerdo y escribo: Francisco)...
Se interpone a la satisfacción de esta necesidad primaria la enfermedad y las aún no extirpadas raíces judeocristianas de mi Super Yo. La ética imbuida en mí desde las ya lejanas épocas del Colegio Salesiano me recuerda que no sería justo exponer a persona alguna a mis desesperantes inquilinos de la laringe, Los Estreptococos Beta (no me muero si el nombre inspira a alguna banda de surf en gestación).
En realidad no me preocupo ya por la personalísima vía de mi contagio. Las personas suelen ser portadoras asintomáticas de esta familia de bacterias. Te levantas un día que por lo demás parece ir bien, alguien tose en el café, en el Metro o en el microbús y de pronto recoges los resultados de tu cultivo de bacterias...
Yo no puedo coger con conocimiento de semejante causa: capaz que en el performance (Aurelio dixit) me viene a la mente la fotografía por barrido electrónico de las formas microbióticas apersonándose en mi garganta, interponiéndose en mi mente como canción de Dave Matthews Band: un enorme, continuo y aplastante Space Between you and I, con todo y que el individuo en cuestión sepa y acepte de antemano los riesgos (en apariencia, bajos) de jugar a tan extraña ruleta [bielor]rusa en cada beso que nos demos.
Baste recordar que esta situación me impidió perfeccionar contratos de gozo mutuo en Europa: no le deseo a nadie nueve inyecciones del austríaco Benzetacil durante seis meses, so riesgo de que los bichillos se hagan resistentes a la penicilina en el meantime.
El cuerpo reclama su cuota anual de carnes vacunas... y Egipto no le hizo caso a José el soñador y ahora la carestía es ley...
La situación siempre puede tener algo de romántica (para que negarlo). En caso de cortejo, no podría darle uso a la boca, con todos los interesantes añadidos y sabidas molestias que ello representaría: adiós a los ósculos hasta mi siguiente exudado faríngeo, diferido todo uso heterodoxo de la cavidad bucal hasta mejor época...
Total, que la boca se hizo para comer y ocasionalmente para respirar.
[Horror]
Mi querido Diego Rivermar me dijo: "Debes dejar de trabajar tanto. Igual y por eso no te mejoras". Y bien puede ser que esa sea la razón de una impertinente tos que me causa a veces jaqueca y que los compañeros de cubículo en el Posgrado de la UNAM identifican ya con la gripe aviar.
Del eterno retorno (y de mi ansiada primer visita) a la Madre Patria
El Colmex fue en sus inicios una iniciativa de los exiliados españoles en México. Ahora es el centro de investigación de élite más importante de México. Más información en www.colmex.mx.
Sorprendido
No es que duela ni reviente: sencillamente previene. Hoy me entero que Salvador Novo también fue "estreptocóccico y beta" (MONSIVÁIS, 2004, 211).
Gente como uno, pues.
¿Habráse dejado agujerear el Entendido mayor y Cronista de [L]a Ciudad por algo más que las i-ésimas jeringas que con fervor religioso atraviesan e inundan de Benzetacil las fibras musculares de los glúteos de los enfermos que sufren tal mal cada 21 días en su último año de vida?
[Es pregunta inocente que no espera respuesta].
I just feel like publishing it, so?
Nocturno de la alcoba
Xavier Villaurrutia
(Fragmentos)
La muerte toma siempre
la forma de la alcoba
que nos contiene
Es cóncava y oscura
y tibia y silenciosa
se pliega en las cortinas
en que anida la sombra,
es dura en el espejo
y tensa y congelada,
profunda en las almohadas,
y en las sábanas, blanca.
Los dos sabemos que la muerte toma
la forma de la alcoba, y que en la alcoba
es el espacio frío que levanta
entre los dos un muro, un cristal,
un silencio.
Entonces sólo yo sé que la muerte
es el hueco que dejas en el lecho
cuando de pronto y sin razón alguna
te incorporas o te pones de pie.
Y es el ruido de hojas calcinadas
que hacen tus pies desnudos al hundirse
en la alfombra
Y es el sudor que moja nuestros muslos
que se abrazan y luchan y que, luego,
se rinden.
Y es la frase que dejas caer,
interrumpida.
Y la pregunta mía que no oyes,
que no comprendes o que no respondes.
Y el silencio que cae y te sepulta
cuando velo tu sueño y lo interrrogo.
Y solo, sólo yo se que la muerte
es tu palabra trunca, tus gemidos ajenos
y tus involuntarios movimientos oscuros
cuando en el sueño luchas con el ángel
del sueño.
Réplica a Víctor
Por iniciar la respuesta al inesperadamente añorado Cuilo, reproduzco a la Monsi:
"En primera y última instancia, La estatua de sal es un mensaje de Salvador Novo a Salvador Novo: si lo vivido te ha resultado inevitable y gozoso, el único arrepentimiento concebible es el silencio. Si te callas por completo, te declaras culpable. Novo escribe para ser leído algún día, y para ser leído en ese instante por él mismo. Así, el libro no es tanto la mitificación del pasado personal, como el ejercicio, a través de la literatura, de los derechos negados. Entonces, se requiere de una enorme valentía (del genuino valor civil) para que un gay consigne por escrito su identidad sin disfraces, así nadie más lea el texto. [...] No es lo mismo ejercer una conducta que, en pleno homenaje cachondo, dejarla transcurrir en más de cien páginas" (MONSIVÁIS, 2004, 139-140).
No se bien ni soy como usted todavía: apenas y entiendo de estas cosas. No he vivido lo suficiente, aún no capturo economías de aprendizaje.
No niego la enorme diferencia: algo me dice que Nueva Inglaterra es el fin mediato del camino que recorro. De ahí a aceptar deliberadamente que la brecha entre usted y yo es insalvable, hay un verdadero abismo.
No digo que no, pues. Hablo en presente: las palabras declaran pero performan a medias, son norma pero no práctica.
No cancelo nada.
Bibliografía.
MONSIVÁIS, Carlos. 2004. Salvador Novo. Lo marginal en el centro. Ediciones Era, México.
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