Nuestro padre Whitman
1. Nocturno de Copilco. Languidece la última semana del semestre, cae la noche, los grillos chicharran su gemido amatorio en los pasillos del Posgrado de Economía. Estoy solo. Escribo porque la voluntad todavía puede más que el cansancio. Esta será otra madrugada que pasa trabajando, otro desvelo no negociable ni transferible, otro café para vencer el sueño. Llevo ya tres al hilo. Aguanta. Aguanta. Ya pronto acaba el semestre. Dussel no se va mañana a China: parte hasta el viernes. No verás a Márquez la siguiente semana. De Vega, ni sus luces (quizá ya se ha dado por vencido). Ya no puedo. Estoy frito. Excel me demanda una vez más: lo mismo que hice el domingo, ahora con las exportaciones. A obtener la balanza comercial de América Latina en la cadena hilo-textil-confección de 1990 a 2004. Olvida las tareas: esta tarde eres empleado, ya has cobrado tus cheques atrasados. Trabaja. Trabaja. Trabaja.
2. Despedida. Luis Miguel Galindo, mi querido profesor de Estadística y Econometría y uno de los quince investigadores mexicanos más citados en las revistas especializadas, deja de dar clases en la UNAM el próximo semestre. Se va al CIDE, cuando menos un año. De lo que dijo, toda la clase dedujo que el director de la Facultad también hace mutis. Galindo es ley: siempre nos preguntó si ya conocíamos la Selva Amazona. Es econometrista y economista ambiental a rabiar, muy British él, todo formado en el Reino Unido, amén de sus gabardinas compradas en El Corte Inglés. Tuve clases con él un año. Se va, ofrece cartas de recomendación u orientación profesional de altos vuelos a sus alumnos. Sea: Galindo siempre me cayó bien. Es un tipazo. Sospecho que le encantó el que yo supiera que Keynes tuvo novio y rusa bailarina por esposa, para el escándalo de un buen número de los compañeritos de generación.
3. Achacoso. Me duele el piquete de la aguja. Me dolió en la tarde el estómago (me he malpasado y casi ayunado tres días). Me duele la espalda. Se me cierran los ojos de puro sueño. Ya vendrá el sueño reparador en días mejores...
4. BATO: La glosa de tus comentarios, en sus sitios respectivos. El espíritu te abraza y se regocija (huracán que llega impetuoso hasta Iberia) en tu recuerdo.
(En público, en privado, como quieras)
5. De remansos y descansos. Walt Whitman es siempre bienvenido. Leerlo será el único descanso para mis rojos ojos esta noche. Poemas y fragmentos encumbrados, inmensos e insatisfechos...
As Adam early in the morning
AS ADAM early in the morning,
walking forth from the bower refresh'd with sleep,
behold me where I pass,
hear my voice,
approach,
touch me,
touch the palm of your hand to my body as I pass,
be not afraid of my body.
Canto a mí mismo
(Fragmentos, of course, en castellano. Tengo versión bilingüe: gustoso les envío una copia si me contactan en inhomoveritas@gmail.com)
Quedaos un día y una noche conmigo y poseeréis el origen de todos los poemas, poseeréis los bienes de la tierra y del sol (quedan millones de soles),
no adquiriréis nada de segunda o tercera mando, ni miraréis más a través de los ojos de los muertos, ni os alimentaréis con los espectros de los libros.
Tampoco veréis el mundo con mis ojos ni tomaréis nada de mí:
Escucharéis las voces que vienen de todas partes y dejaréis que se filtren por vuestro ser.
He oído lo que los charlatanes decían: discurseaban del comienzo y del fin.
Pero yo no hablo del comienzo ni del fin.
Nunca ha habido otro comienzo que éste de ahora,
ni más juventud ni vejez que éstas de ahora,
y nunca habrá más perfección que la de ahora, ni más cielo ni infierno que los de ahora.
¡Impulso, impulso e impulso!
Siempre el impulso procreador del mundo.
Transparente y tierna es mi alma; transparente y tierno es también todo lo que no es mi alma.
[De lo visible y lo invisible hablo]
Si faltara uno, faltarían ambos, y lo invisible es probado por lo visible,
hasta que éste se vuelve invisible y, a su vez, es probado.
Yo no soy una tierra ni el aditamento de una tierra. Soy el igual, el compañero del pueblo, que es tan inmortal o insondable como yo.
(El pueblo ignora que es inmortal, pero yo lo sé).
Estoy cerca, tenaz, dispuesto a adquirir, incansable, y no se me puede echar.
Yo soy el poeta del Cuerpo y soy el poeta del Alma.
Los placeres del cielo están conmigo y las torturas del infierno también están conmigo. Injerto e incremento en mí mismo aquellos; éstas las traduzco a una nueva lengua.
Soy el poeta de la mujer tanto como el poeta del hombre, y afirmo que es tan grande ser una mujer como ser un hombre.
Pero nada es tan grande como ser la madre de los hombres.
Elevo el canto de la expansión y del orgullo.
Bastante nos hemos agachado y lamentado; muestro que el tamaño sólo es desarrollo.
Quien envilece a otro, me envilece a mí.
Y todo lo que se hace o se dice al fin revierte a mí...
El reloj marca la hora, pero ¿qué marca la eternidad?
Hemos agotado ya trillones de inviernos y de veranos, pero quedan trillones y trillones más.
Los nacimientos nos han traído riqueza y variedad, y otros nacimientos nos traerán lo mismo.
Yo no digo que uno es más grande y que otro es más pequeño,
pues lo que llena su período y lugar es igual a cualquier otra cosa.
¿Han sido los hombres criminales o envidiosos contigo, hermano mío, hermana mía?
Lo siento por vosotros. Conmigo no han sido ni una cosa ni otra:
todos han sido bondadosos conmigo, no colecciono lamentos
(¿Qué tengo que ver yo con los lamentos?)
Soy una cima de cosas realizadas y contengo ya las que se realizarán.
Mis pies huellan los más altos peldaños,
Cada paso que doy es una ristra de edades, y entre cada paso hay ristras más largas de edades.
debajo queda lo andado, y sigo ascendiendo, ascendiendo.
Y a medida que asciendo, los fantasmas se inclinan detrás de mí.
En la hondura veo la inmensa Nada primordial. Sé que estuve allí,
esperando desde siempre, invisible, dormido entre la niebla letárgica,
sin prisa y sin que me dañara el fétido carbono.
Largo, largo tiempo estuve estrechamente aprisionado.
Inmensos han sido los preparativos de mi nacimiento, fieles y amigos fueron los brazos que me ayudaron.
Ciclos de edades transportaron mi cima, remando, remando como alegres bateleros;
las estrellas se apartaron de sus órbitas para hacerme sitio
y con sus influjos cuidaron de lo que había de sustentarme.
Antes de que me pariese mi madre, generaciones enteras me guiaron,
mi embrión nunca estuvo aletargado y nada pudo ahogarlo.
Por él la nebulosa se unió a un orbe,
los largos y lentos estratos se acumularon para que reposara sobre ellos,
vastedades vegetales lo alimentaron, monstruosos saurios lo transportaron en sus fauces y lo depositaron con cuidado.
Todas las fuerzas se confabularon para completarse y deleitarme.
Y ahora estoy aquí, en este sitio, con mi alma robusta.
Yo he dicho que el alma no vale más que el cuerpo,
y he dicho que el cuerpo no vale más que el alma,
y que nada, ni siquiera Dios, es más grande para uno que uno mismo, y que aquel que camina una legua sin simpatía es como si caminara amortajado hacia su propio entierro;
y que yo o tú, sin un céntimo, podemos comprar la cumbre más alta de la tierra, y que mirar con un ojo o ver un guisante en su vaina confunden a la sabiduría de todos los tiempos, y que no hay otro oficio o empleo que el que enseña al mozo a convertirse en un héroe, y que no existe un objeto, por blando que sea, que no pueda servir de eje a la rueda del universo.
Y digo a todos los hombres y mujeres: "Que vuestra alma esté serena y tranquila ante un millón de universos".
Oigo y veo a Dios en cada objeto, pero no lo comprendo, como tampoco comprendo que pueda haber nada más maravilloso que yo.
¿Por qué habría de empeñarme en ver a Dios mejor que hoy?
Veo algo de Dios en cada hora y minuto del día,
en los rostros de los hombres y mujeres veo a Dios, y en mi propio rostro en el espejo.
Encuentro cartas de Dios arrojadas en la calle, cada una de ellas firmada con el nombre de Dios,
y las dejo donde están, porque sé que dondequiera que vaya
otras llegarán puntualmente hasta el fin de los tiempos.
El pasado y el presente se marchitan. Los he llenado y los he vaciado,
y sigo llenando mi redil del futuro.
¡Tú, escuchador!, ¿qué deseas confiarme?
Mírame a la cara mientras respiro el perfume de la tarde acostada.
(Habla sinceramente, nadie más te escucha y sólo estaré aquí un instante más.)
Me dirijo hacia los que están cerca, espero en el umbral.
¿Hablaréis antes de que me vaya? ¿Lo haréis cuando sea demasiado tarde?
Si al principio no me encontráis, no os desalentéis.
Si no me halláis en un lugar, buscadme en otro.
En algún sitio os aguardo.

5 Comentarios:
Medeoooo ¿Qué pasó con el huateque de éste sábado que se aproxima? No me ha dicho ni cómo, ni cuándo, ni dónde... ¡Rectifique! No ve que yo ya quiero huír de este pueblo aunque sea por un ratito. Ande, mándeme un mail con tooodos los datos. Ande. He dicho.
Fray Cobayo del Monete Clemente-Jaques, patrono de los anónimos.
pues qué decir.
que la vida es muy buena con aquellos que estudian.
demonios, estoy feliz, no puedo evitarlo.
mejor me voy. au revoir.
y el miercoles 7 entre 11 y 12, calculo que eso tardarán mis asuntos con los embajadores
¿es ese querido profesor de Estadística y Econometría el de aquella empapada y reveladora conversación?
misiva privada en camino.
gracias por las felicitaciones!!
hate to wait 'til sat...
hait to wait 'til january...
Don Cobayo: Ya le he contestado. En dos semanas.
Diablo enlatado: Vaya que sí. Eduardo es la prueba irrefutable de ello...
Eduardo Irabien: No, se trata del profesor de Teoría Microeconómica II, Alejandro Montoya, que por cierto estudió en la Universidad de Roma. Galindo es súper open-mind, pero no sabe. I hate to wait 'til January, too...
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