IHV: in homo, veritas

croon, v.i., v.t. 1. to sing or hum in a soft, soothing voice -n. 2. the act or sound of crooning -n. 3. croon/er, e. g., Manuel aka Medea Tangerine / Medeo Mandarino / Beso insaciable en mudanza a Ceres, on "How to live as a found 21st century crooner" 4. to love an angel with silver wings like I do: a ciegas, en Braille, como quieras

15.1.06

De forma zoomorfa (¡sic!)

El viernes mi muy estimada señora Lanz canceló nuestra cita a las 10 de la mañana: motivos familiares impidieron que (a solicitud y en nombre de mi querida bienhechora) diera por terminado el contrato con Prodigy Infinitum en favor de la diferencia (abismal) de precios que registra el producto de Telmex contra el servicio básico de Cableaccess. Ni tardo ni perezoso, envíele mensajes al mejor de todos los caballeros que he conocido. El suscrito (mi baby, quién más) vino a por mí. Fuimos a Perisur. De inmediato nos dirigimos a realizar trámites en BBVA Bancomer y en HSBC: las últimas transacciones trasatlánticas de mi chico en un viernes (casi quincena) con copiosa asistencia de la cartera de ambas sucursales. Después fuimos a comprar boletos a Cinépolis: confiamos en la siempre oportuna carpeta azul de estrenos y películas exhibidas de la cadena michoacana de cines. Nos decidimos entre una película italiana y una británica: ganó “Yes” (“”), escrita y dirigida por Sally Potter, con las actuaciones de Joan Allen, Sam Neill y Simon Abkarian.

Fuimos a comer. Nuestros pasos (y nuestros estómagos) nos llevaron a Italianni’s, donde paladeamos la insalata campesina, el formaggio con pan, el fetuccini con salmón, un budín de pan, dos vasos de vino rojo con fruta, dos Coca Colas (free refill) y café americano cargado y sin azúcar. Mi chico y yo charlamos. Charlamos de mucho, de cosas que ya pasaron, de cosas que nos ocurren, de cosas que sentimos, de cosas que aún están por venir, de cosas que deseamos, de cosas que teníamos que decir. La única certeza a la que nos aferramos (como náufragos a un tablón del barco recién hundido en un mar huracanado) es que nos amamos, y que tenemos voluntad de que lo que tenemos siga (this is too much perfection for it to be real, this is too much a miracle, for it to be a coincidence, so be it). Una pareja de niñas reparó acertadamente en el inusual vínculo que unía a los dos jóvenes comensales de sexo masculino (nosotros) sentados a sus espaldas, para la clara consternación de dos sufridas madres que parecían haber llevado a un parvulario entero a celebrar el tercer o cuarto cumpleaños de una classmate que ignoraba completamente lo que ocurría a su alrededor. No podíamos dejar de reír: ¿es que acaso amor como el que sentimos no puede ocultarse largo tiempo a los ojos de personitas en potencia?

Nos retiramos. Yo tenía frío: las chamarras aguardaban en la camioneta. Mi chico se veía galán con el saco Mao que me regaló Dussel (fabuloso resabio que se coló entre sus maletas desde Cantón). En El Péndulo, entre ediciones de La Divina Comedia estupendamente ilustradas, novelas de Anagrama y discos DVD de colección, amé más a mi baby.

Confiésolo ahora. Cuando deje de ejercer la profesión académica (todo apunta que la vida de un docente investigador es la que mejor se ajusta a mis planes y proyectos futuros) mi sueño secreto es (la gloria, el mejor de todos mis retiros) tener un café librería. Algo que me gusta es contar (desde) ya con un socio seguro. Baste decir que por ahora se dedica a redimir el alma de alguien que se encontraba perdido y que ahora no cabe en sí por el gozo que ha traído a su vida.

Era tiempo de tomar nuestro lugar en la sala. La película resultó poco menos que extraordinaria. Si bien Potter no escribió todas las líneas de su guión (detectamos algunos sonetos de Shakespeare en voz de Allen y Abkarian), la historia, la música (también de su autoría) y la tensión entre los distintos (y más bien entrañables) personajes persuaden verdaderamente de que las palabras son todo en la vida de algunas (quizá la mayoría de las) personas (me included) y de que no hay tal cosa como un “no” absoluto, puesto que todo acto de vida se afirma y existe, dejando tras de sí rastros, huellas de una realidad que fue y que se decidió a ser.

Después de la película, mi chico y yo entramos en una especie de éxtasis. Creo que somos prueba viviente de que a las células mismas (la base material, corpórea, tangible, el objeto único y último de la ciencia y de todos sus discursos) tienen un destino trazado por una voluntad ingobernable, irreductible, omnisciente, inaprensible (aquello que sólo puede ser entendido a través del amor y de la fe).

Tras sufrir los embates de las hordas de chicos y chicas de secundaria que se dan cita en el vestíbulo del cine para dar prueba de vida a un mundo que sólo los entiende como consumidores (jamás como sujetos), fuimos a Mixup. Vimos películas y discos compactos. Mi baby es (lo digo y no me cansaré de decirlo) el connaisseur de cine más consumado que jamás haya conocido. Tengo un déficit impresionante : el número de películas que ha visto (y efectivamente recuerda) supera con mucho las cuatro (o cinco) centenas. Nos sorprendimos dándonos besos, escuchando un tema de Cinema Paradiso compuesto por Morricone en versión interpretada por Yo-Yo Ma (cello is so sexy), entrelazando los dedos por segundos entre los dependientes de la tienda.

Luego fuimos a Sanborn’s. La sección de libros y revistas muy raras veces pasa por decente: el surtido, la clasificación, la clientela, todo hace que esta sección sea impredecible en cada sucursal de Sanborn’s. La lectura atenta de varios semanarios (Der Spiegel y Voices of Mexico incluidos) matizó apenas los gritos de (adivinen) un grupo de púberes bien dispuestos a hacer de la mosqueada concurrencia una masa informe, tonta y sorda. Mi chico y yo abandonamos Perisur con un boleto de estacionamiento con valor de $95 mediante.

A nuestra corta indecisión siguió nuestra presencia en Plaza Inbursa (la difunta Plaza Cuicuilco), sita en una antigua fábrica de papel que el tino (y mejor rendimiento inmobiliario) de Grupo Carso tuvo a bien restaurar. Fuimos a Beer Factory. Compartimos mesa en el Bar Kokopelli (un mero apéndice menos iluminado del restaurante) con cervezas de arándano, fresa y mango. Picando un plato de maltrechos y picantes nachos, hablamos divertidamente de asuntos de alcoba, cantando entre tanto las melodías que se escuchaban a un volumen no exagerado por los televisores de circuito cerrado. Partimos al despuntar la medianoche. Tras un frustradísimo intento por conseguir un descuento en la cuota del estacionamiento en Sanborn’s (tras la compra de la agotadísima revista Tiempo Libre), salimos a la noche fría y a la luna que (nuestra) nos persigue y acompaña.

La noche. Juguetones, nos tocamos all the way long until we were near my apartment. Transgresores de la ley que nos hemos vuelto (romántica idea, la de forajidos en el medio oeste, baby), intentamos probar el néctar uno del otro. La calle que marca la frontera entre las Torres de Mixcoac y el Wal*Mart sorprende a altas horas de la noche por la asombrosa ausencia de personas y de autos circulando. Pero es siempre el ocasional rondín de una patrulla el que evita que consumemos nuestros deseos. Cómplices y amigos, nos despedimos entre besos y sonrisas.

Es verdad: tenemos quince años, y estamos locamente enamorados.

Hoy nos quedamos de ver en la librería El Sótano. Después de llevarme en un tóper (deformación castellana para el multimentado producto de Tupperware) dos rebanadas del delicioso cheesecake que mi madre Bree hace, y de comprar un litro de jugo de mandarina en una frutería ambulante de Avenida Universidad, llegué con mi chico, que no había desayunado. Nuestro licuado fue la lectura divertida del “Kamasutra gay” de Ediciones Z y de los libros de Rius que Grijalbo publica una y otra vez. Nuestro consistente almuerzo fue la compra de tres libros, dos de ellos regalos simultáneos y cruzadísimos. Baste decir que (ahora que escribo) recomiendo ampliamente la lectura de “Michel Foucault”, biografía escrita por su (cuando menos, admirador seguro) Didier Eribon, el mismo intelectual francés que escribió “Reflexiones sobre la cuestión gay”.

Cada visita a una librería con mi chico es insuperable. Aprovechando el cupón que incluye la entrada al museo Frida Kahlo, nos alistamos para ir al museo Anahuacalli, el museo de singular arquitectura que alberga (el 10% de) las piezas arqueológicas que Diego Rivera coleccionó en vida. Al sorprendernos solos en el amplio espacio destinado al estacionamiento, mi chico y yo no dudamos en saciar la sed que nos asola desde que nos conocimos, sed que sólo nuestros besos apagan para pronto volver a provocar…

Muchas salas del Anahuacalli están siendo restauradas: sólo es posible conocerlo por visita guiada. Esperamos un rato a que empezara la siguiente ronda: vimos entre tanto parte de un documental (baby, excepcional) sobre el barroco en México y visitamos la tienda del museo, comiendo una mandarina y divirtiéndonos con las anécdotas secretariales de sándwiches perdidos, encontrados y (pésimamente) probados cuatro días después de su preparación. Eché de menos la experiencia de perderse a solas por las habitaciones pobremente iluminadas (motivos estratégicos que de sobra conoceréis). Sale sobrando la rítmica cantaleta de la chica que (pobre, en serio no creo que la culpa haya sido de ella) tuvo a bien acompañarnos con sus frases extraídas de la Historia Oficial de México (así, todo con mayúsculas), para la desesperación del pobre germanoparlante que esperaba la traducción repentina de sus interlocutores (y posibles compatriotas) avecindados en México. No obstante, agradezco que nuestro grupo haya sido reducido en número, y ni las guías ni los compañeros de tour (todos mayores de cuarenta años) impidieron el despliegue público de nuestros afectos: nula queja, pues.

Disfrutamos mucho la visita. Mi baby gustó mucho del museo. Yo sentí que la terraza no estuviera abierta: es ahí donde se comprende la intención original de Diego (…) Estanislao Rivera al erigir la casa en una ubicación privilegiada en el Valle de Anáhuac, el Único Mundo. En fin. Salimos al sol quemante. Fuimos a comer tacos de carnitas (maciza, SVP) con salsa esmeralda y quesadillas (de queso, que conste que tal construcción ya dejó desde hace tiempo de ser redundante) en la barra de las Carnitas de Michoacán, todo apurado con vasos de agua de horchata. Llamóme poderosamente la atención que el administrador (quizá hasta propietario) del local tuviera facciones bien porcinas… División del Norte y Miguel Ángel de Quevedo tenían algo de tráfico. Mi baby y yo platicamos de todo. Nuestro logos me resulta absolutamente fascinante.

Serios. Divertidos. Solemnes. Sarcásticos. Démodé.
Como adultos. Como jóvenes. Como niños.

Cada día que paso con mi chico es insuperable.
Y sin embargo, cada día nuevo me demuestra que lo mejor está aún por llegar.

Mensaje personalísimo, cual paloma mensajera
There’s only yes
There’s not such thing as no
There’s only love
Te amo

12 Comentarios:

A la/s domingo, enero 15, 2006 6:15:00 p.m., Anonymous Anónimo dijo...

Muy bien. ¿Dónde está el museo de Anahuacalli? Tomo nota de la recomendación fucola.

 
A la/s domingo, enero 15, 2006 10:41:00 p.m., Blogger M dijo...

Ocho: Te paso la dirección pronto. Está muy cerca de la estación del Tren Ligero Xotepingo. Y en verdad, muy atendible el libro. Saludos.

 
A la/s domingo, enero 15, 2006 10:43:00 p.m., Anonymous Anónimo dijo...

8: División del Norte, antes de llegar a Tlalpan (el sur de la ciudad).

BABY!!!!

amazing post!

de YES (sort of): ya no soy ni tengo sustancia, por tí soy todo emoción...

te ADORO!

 
A la/s domingo, enero 15, 2006 10:48:00 p.m., Anonymous Anónimo dijo...

Es Diego María Concepción Juan Nepomuceno Estanislao de la Rivera y Barrientos Acosta y Rodríguez...

la salsa esmeralda fue buena, nos
falta la salsa rubí..

great books, great places, great food, great days, great boyfriend (the very best), great city, great life.

 
A la/s domingo, enero 15, 2006 10:50:00 p.m., Anonymous Anónimo dijo...

Recomendamos sin ninguna reserva la película; corran porque dudo que dure en cartelera más de una semana... sigh...

 
A la/s domingo, enero 15, 2006 11:31:00 p.m., Blogger M dijo...

Baby: Todo emoción emocionante, nueva, bella, intrigante.
El nombre de Diego es de antología... Y tienes razón, nos hace falta la salsa rubí.
Life is more wonderful since you are with me.
In fact, life began with you.
Y tristeza absoluta por la peli, pero uno propone y Cinépolis dispone...

 
A la/s domingo, enero 15, 2006 11:55:00 p.m., Anonymous Anónimo dijo...

lo que sorprende no son las facciones porcinas del administrador, ni que cada taco costara un Juárez, sino el coste de la fuerza de trabajo...
sigh...

 
A la/s lunes, enero 16, 2006 6:06:00 p.m., Anonymous Anónimo dijo...

Me encanta que sean un par de quinceañeros enamorados.

¡Sigan así, chicos!

 
A la/s martes, enero 17, 2006 3:03:00 p.m., Blogger M dijo...

Baby: La apuesta de este país -la mano de obra barata y de fácil sustitución- se quedó corta frente al dragón chino.
(te amo)

Imoq: We are 15... we are 80... Seguiremos tu consejo :P

 
A la/s miércoles, enero 18, 2006 11:18:00 a.m., Anonymous Anónimo dijo...

Llego un poco tarde al relato... como sea, que bueno que sigan pasando buenos momentos re-descubriendo la ciudad.

 
A la/s miércoles, enero 18, 2006 11:47:00 a.m., Anonymous Anónimo dijo...

I wan't something like that...
Pero por miedo a que la miel cambie de sabor no me decido a probarla. Saludos.

 
A la/s miércoles, enero 18, 2006 5:11:00 p.m., Blogger M dijo...

Flavio: Y es que en la ciudad nos perdemos con sumo gusto...

Xavsje: Justo tengo sobre el escritorio a una abeja que camina y me pone nervioso. Anímese, igual y la miel hasta sabe mejor...

 

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