Houston 3
(fragmentos dispersos de una mente que se empeña afanosa en recordar)
Despertamos aquella mañana abrazados, en la dulce cama Westin. La niebla no abrazaba las ventanas como el día anterior: lloviznaba y hacía viento. La ropa, desperdigada; las bolsas de las compras, esparcidas por toda la habitación. Libros de Barnes & Noble se amontonaban contra figurillas de Disney para nuestras respectivas colecciones. Hicimos el amor por última vez en aquella dulce cama. Descansamos un poco: tú veías televisión mientras yo dormitaba a su lado. Sus exclamaciones -de sorpresa entrecortada- me despertaban de a poco: al "ah" le sucedía el "oh" que sólo sus labios saben pronunciar derritiéndome... Mi novio se puso su traje de baño e intentó infructuosamente nadar en la alberca descubierta del piso tercero. Raudo regresó a nuestra calientita alcoba.
Desayunamos el pan, la barra nutritiva y los jugos (oh Snapple, por qué ya no te importan más) que la noche anterior compramos en la gasolinería cercana al mall. Nos duchamos. Ya vestidos, decidimos salir a la ciudad.
(...)
Empacamos frenéticamente: el cuarto se entregaba a las 12:30. Besos furtivos en el elevador nos acompañaron a la recepción. Dejamos la llave, y con el concierge abandonamos nuestras maletas. Salimos a The Galleria. Era ya el último día, y era menester aprovechar cada minuto.
(...)
El viaje había terminado. Todo parecía un sueño. Habíamos escapado de la ciudad. Regresábamos a nuestras familias, a nuestras vidas, a los días de uno de los meses que recordaré con el mayor de los agrados hasta que mi consciencia se extinga.

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