Acht Monaten
Viniste sonriendo a mi encuentro. Te acompañé a trabajar. Manejabas en vialidades que a ratos fueron un soberano desastre. Platicábamos tranquilos. El sol caía, decente. Comimos carnitas, las mejores que he probado en el Distrito Federal. Cambiamos de calzado: te apretaban tus zapatos, yo traía tenis que combinaban perfectamente con tu vestimenta (hoy no dejabas lugar a dudas: eres el hombre más sexy e inteligente en muchísimos kilómetros a la redonda). Dejamos el auto en el estacionamiento diurno que nunca cierra y nulo cobra y tomamos el Metrobús. Llegados a la Condesa, nos bajamos. Tenemos en la lista de cosas por hacer un pastel en El Molino, una visita al videoclub de cine clásico y de calidad y una tarde de exploración literaria en El Armario Abierto. Más pronto que tarde llegamos a Metro Insurgentes. Tus manos curiosas exploraron con acierto regiones de mi geografía más pudenda, para el afortunado desinterés de todos los presentes. Ya en Metro Boulevard Puerto Aéreo, deliciosas piezas de pan dulce aliviaron la poca hambre que quedaba. De regreso a Insurgentes, el Metrobús devino inesperado asesino serial y me mantuvo cautivo del brazo. Por más berreos e intentos frustrados jamás pudimos abrir la puerta hidráulica: tuvimos que esperar a que la siguiente estación evitó que me convirtiera en el manco de Tonalá. Un Red Bull nos dio alas, y atestiguamos el mero comienzo de trámites que podrían hacer de tí académico antes de los 30 años... En Office Max un aparato televisor de última generación y niponísima factura te sedujo, tanto como la lente Kodak que podría jubilar a tu (en todo, buena) cámara digital. De ahí, el calor de la tarde minó las resistencias. Parece que estamos empeñados en conocer todas las habitaciones del hotel T... Platicar contigo en el lecho fue el momento más placentero del día. Y empezó el amor (bien lo dijiste), las caricias, los jadeos, la respiración entrecortada, los lengüetazos atormentadores. Sentado como estaba encima de tí nos percatamos más bien tarde que las carnes se habían hecho una. Y los que nos conocimos hace ocho meses celebramos tan improbable encuentro a solas, entre cuatro paredes, piernas reunidas, cabezas sosegadas descansando una junto a la otra, cuerpos enconchados, abrazos seguros y reparadores. Esta noche, el recuerdo de tu cuerpo en el espejo me acompaña y deslumbra toda esta noche: resplandece como la luna naranja que nos vio partir por las avenidas desiertas, como tu piel saciando su sed en la regadera caliente, como tus labios a la luz de la calle en la que afectuoso me devuelves a casa.
Etiquetas: El Erario Inagotable

6 Comentarios:
Cuantas sensaciones, colores, olores texturas, aventuras, sentimientos, corduras y desvaríos...
Un besito
Hermanito:
Tienes alma de poeta, me encantaría plasmar así mis mañanas/tardes/noches de amor, pero Balta me mata jajaja, o quién sabe.
Saludos al suertudote Erario y besos para ambos
Te quiero musho
Vives un tiempo de magia largamente acariciado y, desde luego, trabajado con la habilidad y ternura de quien teje un complicado bordado. Te deseo la felicidad duradera, ya lo sabes.
Un abrazo.
Monsieur Mandarino:
Qué hermosa crónica!!! Te felicito por tu gran corazón, tu inmensas ganas de amar... Imagínate cómo me siento yo, acogotado entre un ex-greñudo conductor de tele y un AUN greñudo carioca que está por llegar a estas tierras. Me inspiraste carnalito.
U RULE!!!
Se ve que nunca se aburre, don.
Marga: Pareciera que uno mismo se vuelve lienzo y es textura de lino, es color ocre, es olor a pintura vinílica, es aventura fascinante, es sentimiento que desborda, es cordura anhelada y desvarío soñado... Besos, querida.
Meow: Inténtalo, no pierdes nada, hermanita :D. Creo que en todos estriba la posibilidad de vibrar con las cuerdas que la vida teje y desteje (cual Penélope incansable).
Yayo: Gracias Yayo, se te desea lo mismo, a manos llenas... Y el bordado crece, y no se extingue, antes bien, se rehace a sí mismo.
Josemaría: Mese adorado, me parece que usted y yo nos merecemos un café pronto. Lo noto soberanamente encuitado... :( No debería sentirse así. El greñudo carioquita es un buen viento del sur que llega a refrescar su vida... ea, apreste el lecho y cambie esa cara.
P. S. U are the one who rules, my friend :D
Cobayo: Sólo cuando el tiempo es vacío, las ansias muchas, y la espera larga...
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