[Apología de mi educación sentimental, 1]
Soy una persona que no oculta su desdén cuando lo siente. Soy alguien que mira con desprecio al individuo representativo (entiendase, el promedio) que oculta con hipocresía, good manners y falsa amabilidad el encono, la ira o la inseguridad que le provoca la presencia materializada o de su filia/fobia favorita. A pesar de la civilidad que me caracteriza cotidianamente con los extraños, conmigo no hay vuelta de hoja: largo fue el camino para que, circa mis veintidós años, decidiera que no hay mejor política que la honestidad emocional expresada in situ. La mejor daga que poseo en mi armería es mi rostro: una vez arrancada la máscara que lo cubría (adivino que seguirá guardada entre las viscisitudes del closet) mi ceño es puñal certero. Soy así en argamasa lista para ser moldeada por la ocasión (la vida como obra de arte, y yo como impresionable vividor-crítico de arte). Con todo, soy intencionalmente más blando con aquellos (los menos) que me importan: más que atender al hecho o acto per se que cuestiono en el diario elegir, juzgar y renunciar que es la vida-en-sociedad, le hago caso a los fines. Es tal postura teleológica la que a la larga termina en el lugar de primacía de mi batería de pruebas para revelar preferencias en mis amistades. Detesto que las personas se las den de abiertas cuando tienen secretos (grupalmente) incómodos que ocultar. No tolero el doble discurso: siendo como es difícil sobreponerse a la exclusión y vivir con plenitud la diferencia (sexual, como es mi caso, aunque la extensión de este concepto no termina ahí), suelo pensar que la verdad (cuando menos, la sinceridad oponible omnia contra omnesque, urbi et orbi) es de todas, la mejor de las apuestas. Agradezco por entero a la decidida pasión por conocer que diaria e inexorablemente me obligue a olvidar mis tapujos con el mero ánimo fáustico de saber de todo, más y mejor. Estoy por la política refinada, no por la politiquería barata: sinceridad, no tengas piedad de nosotros. Menester es decir (en el más bitchy de todos los planes) que yo no critico: describo. Quizá el discurso del otro, entendido genéricamente como todo el texto y subtexto de aquél que haga caso de mi ethos (que, como Whitman, sólo está por algunos instantes [no]más) pueda ser objeto de mi análisis acuciante para determinar si es fundado, procedente y preciso; sin embargo, reconozco que priva en mí el poderoso, inalienable deseo de sentir por el otro, de saber qué atraviesa su sensibilidad, de ser empático, pues. Es mi capacidad de empatía algo que me gusta, que deviene de manera cotidiana una hebra de humanidad (entendida bajo su acepción sancionada socialmente) entre tanta porquería. No obstante, se oculta en la empatía una de mis debilidades más profundas (pies de barro de una estatua inacabada): soy susceptible a aprehender la culpa ajena, a hacer mías la ansiedad y las cuitas de los que más quiero en el mundo.
Etiquetas: Una apología de mi educación sentimental

8 Comentarios:
Uórale, usted si que sabe escribir y expresar sus ideas. Muy buen post.
Yo también tengo esa capacidad de empatía, el problema es que al hacer mías las cuitas de los demás los ayudo incondicionalmente y no siempre se obtienen buenos resultados.
Hay que empezar a ser egoísta, te apiadas de los demás y después ¿Quién se apiada de ti? Luego terminas como el cuetero. Bueno, ni muy muy ni tan tan.
En fin, felicitaciones de nuevo por su post.
Saludos!!!
Manu:
Te leo y casi siento que te desbordas emocionalmente. Siento reproche a ti mismo, asertividad, pero también la imperiosa necesidad de reafirmarte como una persona sensible y empática. Y es que la empatía puede ser tu gran don, pero también una bendición del tipo veterotestamentario, porque al brindarla, te quedas incompleto.
Me explico: es tal tu com-pasión (padecer con el otro) que te cargas las emociones ajenas y las vas arrastrando con todo su peso. Igual y no es así y sólo trato de escribir algo que te haga sentir, precisamente, com-prendido, que no aprehendido.
Mi querido Manu, tienes un nutriente corazón que siento atribulado.
León Tolstoi dice en su novela "Resurrección" que en la sociedad habita un tipo de seres humanos que son como fagocitos. Los llama "fagocitos sociales", y tienen, como los de nuestro organismo, la función de absorber lo negativo de los demás y de alimentarlos para sigan adelante. Pero también se cansan, por lo que requieren de fuentes de restauración y consuelo.
Ahora te toca apapacharte, ser para ti mismo descanso y apoyo. Ojalá siempre pudieran venir éstos de la gente que amamos, pero cuando no, la palmadita cariñosa la sacamos de nosotros mismos.
Que no por cursi o melosa eches en saco roto la frase con la que termino mi respuesta:
"Después de un apapacho, el mundo ya no es tan gacho".
Buen manifiesto emocional, señor. Que quede como precedente para tiempos futuros, para desconocidos por conocer y sujetos por olvidar.
Godric, Beto, Cobayo: Os escribo pronto de vuelta. Abrazos a todos, queridos ;)
Erario: No matter how gri gri this sentence is, "M..." sólo suena lindo en tus labios :).
Estas que te sales amigo, viva la instrospección salvaje y valiente!!
Besotes guapo
Tan certero como un dardo en el blanco...excelente post!
Se me había pasado leerte este texto tan intenso, y no me lo hubiera perdonado. La impresión que me ha producido ya la han comentado algunos de los que me han precedido. Sería repetir innecesariamente calificativos y sensaciones.
Sólo un ligero desacuerdo con Godric: trata de no ser egoísta nunca, a pesar de los reveses.
Un fuerte abrazo.
Godric: Ignoro cómo terminó el cohetero :D. Como sea, me da gusto que te haya gustado el post...
Beto Olmos: Y no te equivocas, cuando lo escribí mi río salió de su cauce. La empatía que yo siento, como tú bien entiendes, me deja a veces vacío. En mi afán por dar a los que me importan todo de mí se me van, si no la vida, si al menos las fuerzas. Reconozco en mí la capacidad de cargar con los lastres de los demás... Transferencia que no termino de asimilar, menos aún de excretar. Me parece que es hora de encontrar esa "fuente" de la que habla Tolstoi en tu voz... Difícil es hallar en mí mismo la simiente de esa caricia que le hace falta a mi alma, cuando el Otro no está cerca. Y de tí no podría tomar nada cursi, amigo :)
Cobayo: Sienta jurisprudencia de observancia obligatoria, Don... Precedente que habré de tomar muy en cuenta.
Marga: Vaya, que me siento sin ropas en el foro, querida, desnudo pero muy contento. :)
Muégano: Gracias por el comentario, ojalá y funcione :D
Yayo: Como tú, podría insistir en los beneficios que reportan la bondad y la generosidad como estrategias dominantes en el juego que es la vida... Un abrazo.
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