De mudanzas
A tí, con lo mejor de mí
El viernes a media tarde le fueron entregadas al Erario las llaves de su departamento (simbólicamente, el acto en sí mismo se retrasó debido a la inesperada ausencia de los conserjes del edificio). Pegué periódicos en las ventanas para evitar miradas indiscretas de los vecinos que, por otro lado, encontramos escasos y más bien absortos en sus propias actividades: ni uno solo se ha presentado formalmente. Engullimos una pizza de jamón y pepperoni de Benedetti's pasada a tragos de Coca Cola. Nos amamos por vez primera en la habitación que terminará siendo su recámara. Fuimos a comprar utensilios varios y numerosos para la limpieza del polvoriento hogar y nos aplicamos medianamente a las tarea de remover la suciedad.
Es una imagen demasiado poderosa para olvidarla. Sudando me limpiaba la frente mientras Chris Martin me miraba, melancólico y desde mi camisa reflejada en el espejo, mientras se escuchaba el arreglo orquestal de Porgy and Bess dirigido por el mismísimo Gershwin en Radio UNAM FM. Todo mi ser se consagraba a la limpieza y desinfección del retrete y regadera del departamento que renta el Erario Inagotable. Al mismo tiempo el cerrajero instalaba una nueva cerradura en la poco vetusta puerta de madera y el Erario acomodaba los haberes ya comprados durante las últimas semanas. Es ya un hecho: se independiza.
Llegada la sala, el frigorífico hizo su aparición inaugural, seguido de un colchón tamaño rey (qué hilarante se escucha el término king size en castillá). La basura y las cajas de cartón vacías se acumula por montones, en función inversa del polvo que lentos pero seguros recogemos con utensilios de limpieza Vileda y Marca Libre (a Wal*Mart gracias). Marco (léase sobre él tangencialmente en el congal de Mundo) fue el primer visitante al así llamado castillo de la pureza, y dio cuenta con tragos de vodka Absolut y estómago repleto de tacos de La Parrilla Suiza de la inevitable brega que es mudarse de casa.
Mañana mismo recibiré a nombre del Erario un desayunador y procuraré reducir el grado de entropía todavía existente en la sala-comedor... Estoy lleno de alegría por él: el nivel general de salarios en México no permite generalmente a un individuo representativo de reciente integración a la PEA (población económicamente activa) emanciparse del yugo familiar (léase de manera políticamente correcta: independizarse) a tan temprana edad. Con todo, un rito iniciático tan importante no está exento de sinsabores y dudas varias que terminan con la poca paz mental de un habitante de la Cité. Como sea. Pocas empresas se inician con tantos bríos como ésta. Iré por mi escoba...
Etiquetas: Diosa doméstica

4 Comentarios:
Felicidades al Erario, don. Un abrazo desde la otra cara de la población económicamente activa. Snif.
¡Qué maravilla! ¡Enhorabuena a ambos! Y que lo podáis disfrutar intensamente, como esas cosas largamente acariciadas que acaban por fin haciéndose realidad. ¡Bendita independencia!
Un fuerte abrazo.
saludos
es bueno despertar y ver que todo sigue aquí
saludillos pequeño economista
=) Hay que profanar tal purezaaa con una fiesta mucho alcohol y dulcecitos. Saludos hermoso!
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