IHV: in homo, veritas

croon, v.i., v.t. 1. to sing or hum in a soft, soothing voice -n. 2. the act or sound of crooning -n. 3. croon/er, e. g., Manuel aka Medea Tangerine / Medeo Mandarino / Beso insaciable en mudanza a Ceres, on "How to live as a found 21st century crooner" 4. to love an angel with silver wings like I do: a ciegas, en Braille, como quieras

27.1.06

Apuntes para el diario que (felizmente) devino mi blog (y, como diría Benedetti, viceversa)

Domingo 14 de enero de 2006

Mi baby y yo nos vimos en la nueva librería Gandhi como a eso de las dos y media. Nos la pasamos excelente, ojeando y hojeando los libros, viendo los discos y películas. ¡Hay tanto que comprar, tanto que leer, tanto que decir! Mi niño compra muchos libros, yo sólo escojo un disco de Anne Sophie Mutter (su violín es seguramente la voz de un arcángel) que resulta una joya rara: incluye "Summertime", obra de Gershwin compuesta para "Porgy and Bess". Lo escuchamos todo el trayecto (Miguel Ángel de Quevedo e Insurgentes) hasta llegar a La Bodeguita del Medio. Era promesa justa y compartida tomar mojitos juntos el día que nos viéramos por vez primera; las nuevas políticas de la empresa dispusieron que dieciséis días después nos viéramos a los ojos teniendo una mesa, dos mojitos y dos platos (uno de bolitas de carne y queso y otro de cristianos y moros) entre nosotros.

"¿Quieres ser mi novio?", le pregunté.

Por toda respuesta, mi baby me dio un beso.

Beso que yo no supe leer a tiempo como lo que en realidad era.

Él ha apostado conmigo tanto como yo he apostado con él.

A veces, en realidad me odio por ser tan lento comprendiendo…

"Sí"…

"Y es que yo necesito certezas"…

Lágrimas. Lágrimas de los dos, en un cuarto con tres mesas ocupadas. Los meseros nos miran de reojo. Callan. Sirven.

Cuatro mojitos y noventa minutos después, nos despedíamos del lugar y de la preciosa voz de la cantante con enjundioso trío entonando canciones cubanas, con ojos llorosos y corazones encontrados.

Nunca las lágrimas dijeron tanto. Nunca me imaginé que sintiéramos lo mismo en el mismo momento…

Luego fuimos a Chili's . Comimos postre: mi baby tenía severo antojo de un pastel de chocolate con helado de vainilla. Dos capuchinos. Mucho amor.

La Virgen de Guadalupe en el portal de una casa cercana a la Universidad Panamericana es testigo silente y cómplice de nuestros besos.

Estamos enamorados.

Mi baby es mucho más que mi novio.

Es mi mejor amigo, mi hermano, mi camarada, mi compañero, mi amado, mi amante, mi brújula, mi destino, mi principio y mi fin.

Termino de ver "A Streetcar named Desire ". Es estupenda. No hay como Tennesee Williams y sus delirios psicóticos. El Sur trauma.

Lunes 15 de enero de 2006

Primera parte (la más tediosa y larga) del examen de certificación de alemán (nivel medio) en el CELE. El Zertifikat Deutsch terminó siendo empresa harto aburrida en 2005. El examen no presenta mayores complicaciones. Realizamos dos partes, la escrita y la auditiva. Me alegra la mañana el reencuentro con la profesora Elena Oustinova, con Claudia, con Ksenia y con Víctor, el de Puebla. Nunca un café americano de calidad ínfima fue tan estimulante…

Mi nene me sale al paso (a eso de la una de la tarde) en los portales del edificio de Diseño Industrial que dan hacia Las Islas. Nos damos un beso. No hay nada más hermoso que estar juntos en la Universidad. Visitamos el Museo Universitario de Ciencias y Artes, en la Facultad de Arquitectura. Cerrada la exposición de Liu Zhenzheng que pretendíamos visitar, vamos entonces a la Librería UNAM a un costado de Rectoría. Salimos bien cargados de libros: mi chico no desaprovecha el descuento que disfruto como estudiante. Alegres y hambrientos, nos abrimos paso entre la exposición de arquitectura alemana en el vestíbulo de la Facultad. Mi amigo Diego, el que estudia en el Taller Max Cetto, nos encuentra. Un expreso para él, dos capuchinos fríos y un paquete de sushi para nosotros. La cafetería que sirvió tan bien a nuestra camarilla de primer semestre (el Javo, la Gaby, el Diego, el Manuel, el George, et al.) se presta ahora para escuchar las anécdotas de Diego. Cannabis sativa y Chacahua. Mi baby estaba genuinamente interesado en la charla de mi amigo. Nos fuimos. Nos acostamos en Las Islas con marca de la Facultad de Economía, las que dan a la Torre II de Humanidades. El sol caía inexorable y violento sobre el rostro de mi baby; el pasto, travieso, hizo presa de nuestra ropa nada antiestática. Fuera como fuese, fuimos a por su camioneta, sita en el Circuito frente a mi Facultad.

Hacemos uso de un lugar reclamado por la sexualidad emergente. El muchas veces denostado C amino Verde puede presumir de nuestro acto de amor, entre apresurado, arropado y observado por miradas entre lascivas y curiosas. Somos los únicos que nos besamos. Reímos. Nos vestimos.

Tenemos hambre. Sanborn's de la Torre Nortel Networks. Platicamos. "¿Cómo será nuestro piso? ¿Cómo será vivir juntos? ¡Qué fuerte lo de hace rato!".

Es noche de Golden Globes. Mi chico quiere verlos. Si intenta dejarme en casa no llegará a tiempo. "Llévame. Los veremos en mi casa". Mi madre nos abre la puerta. Sus ojos delatan extrañeza.

"Mamá, él es EI, viene por unas cosas de alemán, presenta examen mañana con Cintia y Chucho".

Franquea la puerta. Vemos los primeros premios. Nos vamos a mi cuarto. Cometo la imprudencia (que el tiempo dirá: no es tal) de ponerle seguro a mi cuarto. Uno, dos besos furtivos. Una, dos caricias rápidas. Mi madre interrumpe: "Por favor, no te encierres".

¿Sospecha algo? De seguro, pero no dice nada. Regresamos a la sala. Mi niño conoce a mi hermana ("Estás loco, Manuel, pero está muy guapo") y tiene dolor de cabeza. Aspirinas y agua. Aspirinas y agua. Pero su dolor no se alivia rápidamente. Recita las primeras lecciones del libro de alemán que le regalo: lo corrijo. En Sony, los premios; en Fox, The Simpson. Reímos a más y mejor. Mi madre está encerrada en la cocina.

"Mamá, EI ya se va", aviso.

"Ándele, que le vaya bien, mucho gusto".

"Mucho gusto, señora, con permiso".

Una Coca en Wal Mart. Mi nene sella su boleto. Parte. Le doy un beso (no me importa quién me vea) cuando ya está sentado y con el cinturón de seguridad ajustado. Lo despido.

Veo Sunset Boulevard. Lo decadente de la película (lo asombroso y lo bien llevado) me conquistan. ¿Quién es este chico que ve cine tan bueno y tan menospreciado (el cine, que no él)? ¿Por qué sale, anda y accede a vivir conmigo?

Sólo el amor es respuesta.

Martes 16 de enero de 2006

En la mañana, examen oral en el Edificio B del CELE. Me toca hacer el examen solo (sin colegas del curso). El Dr. Ulrich Bauer (mi profesor en tercer semestre) y otro hablante nativo me evalúan tardíamente. Buena interacción entre los tres. No recuerdo si dije la línea que conquista a todo examinador alemán: "Die Deutschen sind sehr gründlich"…

Salgo tarde. Me pongo en camino por Avenida Universidad. Bajo del microbús diez, veinte metros antes de lo acostumbrado. Miguel Ángel de Quevedo está a reventar. Prefiero caminar, correr, volar los últimos metros que me separan de El Sótano. Mi niño y su camioneta no están. Me llama desde su casa. Tarda a lo sumo quince minutos. Habíamos quedado de ver una película chez lui . Pero la película no es transmitida. Qué más da. Le regalo el soundtrack de "Mystic River", compro para mí el de "Artificial Intelligence". Nunca he escuchado la música compuesta por (el hombre orquesta que es) Clint Eastwood: John Williams me puede con su música para Orgas y Mechas. Llegamos. Conozco a su hermano (ojos que escrutinan demasiado) y a su mamá (el rostro mismo de la amabilidad mexicana). No se sospechan nada. Si supieran quién le dio a mi chico el globo de Mickey Mouse… En fin. Me encanta su cuarto. Supongo que cuando vivamos juntos buscaremos casa no para nosotros, sino para nuestras cosas. Me encanta que tenga tanto de todos lados. Películas, discos, afiches, libros, fotos, folletos, collectables: todo tiene un orden definido, todo me gusta, todo me fascina. Nunca quisimos ver " Hero", la cinta épica china de la que todo mundo me habló cuando se estrenó y que mi chico y yo empezamos a ver, él en su sofá, yo en el mío, sendos vasos de jugo de naranja hecho por su atenta mamá. Minutos transcurren. Las miradas se encuentran. El amor puede más. Nos besamos, lenta, silenciosa, dolorosamente. Visito su miembro, lo devoro, me encanta. Él hace lo mismo. Nos vemos interrumpidos por los ruidos que toda casa habitada produce.

Comemos. Riquísisísima paella, estupendo vino tinto, enchiladas, chocolates Turín rellenos de Licor 43 y Malibú. Plática familiar. Su mamá ha entrado en confianza: lo deduzco por los temas que devanan. Me siento bien. Tranquilo. Contento. Los ojos de mi chico lucen iluminados por una luz diáfana y pacífica.

No podemos hacer más que lo que ya hemos hecho. Importa y no importa. En fin.

"¡Qué fuerte!". Posteo desde su cuarto. Posteo para los dos blogs.

Salimos. Galerías Coapa . Mi niño va a la estética. Lo espero todo el tiempo que tarda la estilista en darle forma y dejarlo intensamente atractivo. No logramos salvar un mechón de su cabello: tan preciada reliquia deberá esperar un poco más. "¿A dónde viajaremos?". Las opciones –Ixtapa-Zihuatanejo, Guanajuato, y Houston– se dibujan y desdibujan. Ponderamos costos y beneficios. Prácticamente los presupuestos son los mismos. "Mañana iremos temprano a American Express". Sea. Por lo pronto compramos gel lubricante en Sanborn's (ignorantes que éramos, el tiempo y la confianza que se adquirieron nuestros cuerpos demostrarían su ineficacia).

Vamos a Pericoapa. Buscamos afanosamente un puesto de reparación de relojes. No tenemos suerte. Pericoapa está vacío entre semana: pocos son los locales que en los apiñados pasillos abren. ¿Serán así de rentables? En fin. Comemos un waffle , Coca Cola en botella inusual (con forma esférica, muy onda Mundial de Fútbol), pizza. Somos felices. Estamos muy contentos.

Se hace tarde. El tráfico en la zona sur de la Ciudad de México es directamente proporcional a la hora. Mi chico me deja en Río Churubusco, enfrente del Centro Nacional de las Artes. Tomo un taxi: mi baby tiene compromisos adquiridos y no deseo que llegue más tarde de lo que (evidentemente) ya llegará…

En dos días él y yo hemos conocido a las respectivas suegras y a nuestros hermanos políticos.

Qué fuerte…

Miércoles 17 de enero de 2006

Nos vemos en la sección de revistas de Sanborn's Perisur, a eso de las diez y cuarto. Min chico se ve guapísimo. Vamos a American Express. Revisamos rápidamente las opciones antes de entrar. Es Houston o Guanajuato. Una hora y fracción después, salimos con la factura del cargo de servicio y de dos boletos de avión y dos noches de estadía en "The Westin Oaks" a seis meses sin intereses, con destino y escala única en la cuarta ciudad más poblada de los Estados Unidos. Ni en nuestros sueños más locos imaginamos que, amén de conocernos y salir juntos en México, saldríamos del país (todo nuevo, todo bello, todo intrigante).

No he(mos) desayunado. Mi madre me dio en un tupper espagueti. Vamos a la zona de comida rápida, debajo de Cinépolis. Acabamos el plato y las mandarinas que empaqué. Me quiebro y lloro. Mi niño me interroga. No sabe qué hacer. Ahora que escribo me siento mierda. ¿Por qué hago sentir mal a las personas que más amo mostrándoles mis miedos más profundos?

Quizá sea hora de empezar a ser consecuente y asumir con valor las cosas.

Corrijo. Es la hora.

Mi niño bien vale la pena.

El Péndulo. De todas esta es la sucursal más pequeña y menos cuidada. Una deliciosa malteada de vainilla aligera las cargas. Vemos películas y libros. Nuestro Diógenes se potencia…

Vamos al HSBC de la plaza. Nos observa de lejos la vaca más interesante que haya arrojado el Cow Parade en su vacuna invasión a la Ciudad que se sabe lacustre devenida drenaje profundo (Mexico Shitty, Brayan dixit): la Vaca Fonda, con platos de peltre azul incluidos.

Pasamos una vez más a American Express. Recogemos el boleto electrónico, la reservación y el itinerario impresos. Vamos en camino a Ciudad Universitaria. Detour (de force?): pasamos a Camino Verde. Estábamos ingresadísimos en nuestros arrumacos amorosos y deliciosos cuando escuchamos (aún vestidos, por fortuna) una voz que interrumpe en el acto nuestros propósitos. "No entienden, no entienden…". A saber si era empleado de Seguridad UNAM o simple parroquiano molesto por no encontrar su cárnico del día. Mi nene me deja en mi Facultad.

Aprovecho para imprimir información sobre Houston, con cargo y cuenta a mi salario en especie como asistente del Dr. Dussel.

Un impertinente y agudo dolor de cabeza inmoviliza a mi chico. Me pongo en camino. Hago cuarenta minutos a la Central del Sur. Camino algunas cuadras para encontrarnos en El Jarocho de Avenida Taxqueña. Pido dos tortas: tengo demasiada hambre. Besos sabor capuchimoka, vamos luego a comprar aspirinas a Gigante: tengo dolor de cabeza por las lágrimas de la mañana y la malpasada (sic) de la tarde. Encontramos una tarjeta gratuita y majaderamente kitsch para venerar a Juan Pablo II en las cajas del autoservicio. Comemos quesadillas con queso para nachos, regadas por dos vasos de Coca y café abundante. Mi niño y yo estamos contentos: el viaje lo alegra y expande todos nuestros horizontes. Wild, wild dream… Me lleva a casa, a ritmo de " Don", de Miranda, que escuchamos all the way long sobre Río Churubusco.

Jueves 18 de enero de 2006

Nos vemos en el Fondo de Cultura Económica de Miguel Ángel de Quevedo. Nos paseamos entre los libros apuntando los títulos que más nos interesan.

Desayunamos sincronizadas, una malteada, una Coca Cola y un café vienés en el Café La Selva in situ. Joder. Las lágrimas me traicionan una vez más. Ya no quiero llorar, ya no quiero causarle tristeza al hombre que más felicidad me ha dado en toda la vida. En el Fondo ocurre la declaración bilateral de voluntades: no estaremos con nadie más mientras estemos separados, nos seremos fieles.

Averiguada exitosamente la posibilidad de hacer efectivo el descuento de 40% como estudiante con tira de materias de la UNAM, redoblamos esfuerzos. No compramos los treinta y más libros anotados en la agenda de mi niño. Eso no importa: $486 de descuento hacen de esta sesión de compra de libros algo afortunado y que maximiza plenamente nuestro excedente de consumidor. Mi niño tiene cosas que hacer: me regresa a casa a las 15.30 h.

La tarde transcurre lánguida y sin contratiempos. Leo los libros que hemos comprado. Acudo al llamado de mi queridísima señora Johnson, que ha sido víctima inocente de las estafas tipo "Tengo secuestrado a tu hijo; dame los NIPs de tarjetas Telcel por un valor de $10,000", le compro una tarjeta que (por estupenda fortuna) funciona, y funciona muy bien y acompaño con su esposo al auto (irán al neurólogo: a la señora Johnson le ha dado migraña por lo ocurrido). Me peleo con el servicio de Atención Telefónica a Clientes de Telcel hasta que dan de baja uno de mis números infrecuentes y doy de alta el número de mi chico..

La vida parece detenerse cuando no estamos juntos…

Viernes 19 de enero de 2006

Un día antes de la partida. Nos vemos en el quiosco de Coyoacán. Llego con retraso, merced al tráfico y a pesar de haber usado un taxi para llegar. Desayunamos quesadillas de pollo, de huitlacoche y de queso en el Mercado de (adivinen ustedes) Quesadillas y Garnachas. En camino a la Plaza de la Concepción, nos abrazamos y besamos a hurtadillas. Y en la Conchita nos encontramos la algarabía que provoca entre los vecinos, transeúntes y chismosos de tiempo completo la filmación de un capítulo más de alguna trasnochada telenovela de TV Azteca, de cuyo nombre no puedo ni quiero acordarme. Margarita Gralia, la actriz que tanto me gustó en "Tengamos el sexo en paz", no pudo volverse más diva: habló todo el tiempo por celular, y ni siquiera se dignó en ver a los ojos a mi niño cuando éste le pidió un autógrafo para su mamá. Mis deseos por tener su firma disminuyeron sustancialmente cuando vi su lactérrima actitud. Tras averiguar un poco la vida tras bambalinas (y postular que todos los reporteros de Espectáculos de TV Azteca dan el ancho en el gremio), nos fuimos como si huyéramos de la peste. Besos y abrazos disimulados con sabor a helados de mandarina, queso con zarzamora y chocochispas, caminamos por las calles del Centro con destino al Museo de la Acuarela. Hicimos una escala técnica en el Instituto Dante Alighieri. Enterados del precio y de la duración de los cursos, salimos al sol que nos acompañó todo el camino. Llegamos al Museo en calidad de refugiados atendibles por la ONU. Dos Cocas después (más bien tres: una estaba tan congelada que no la pudimos abrir) entramos al Museo. Si bien yo recordaba las obras de Saturnino Herrán; había olvidado ya lo silencioso del lugar y el número tan limitado de visitas al día. El consabido resultado fue que mancillamos dos habitaciones del lugar nacional de las pinturas de agua. Ni mi baby ni yo pensamos jamás en hacer actos así de subversivos. Y bien… habíanos ahí, solos, deleitándonos en nuestros sabores, a sabiendas de que el museo carecía (como efectivamente carece) de videocámaras y de seguridad en cada sala. En fin. Todo en la calle nombrada en honor al Cronista de la Ciudad, Salvador Novo.

Salimos, y dos Coca Colas en la cafetería atendida por una chica empeñada en resolver los crucigramas de la revista "15a20" (sépase que se trata tan sólo de una conjetura razonada) después, regresamos al centro, a la librería " El Parnaso", donde vimos libros en inglés y de donde salimos bien aprovisionados (como no es costumbre)…

Mi niño me regresó a casa. Leí y me relajé bastante. Cintia y Jesús me invitaron cervezas en El Hijo del Cuervo entrada la tarde (llegué con una hora de tráfico a mi espalda, mi baby hubiera alucinado Miguel Ángel de Quevedo a esa hora); tras lo cual acudí a un ágape fraterno organizado por la familia materna ampliada (entiéndase, mi mamá, mi tía Laura y mi tía Ana, esposos e hijos incluidos), enterada por mis padres de la buena suerte del hijo que va en lugar de su jefe a un coloquio en Houston con (casi todos) los gastos pagados (que conste que ni en la mentira esto fue cierto, luego se presta a graves interpretaciones). Ultimé con mi nene los últimos detalles técnicos del día siguiente vía celular, y me morí de la impotencia y la desesperación porque mi hermana me negó hasta entrada la madrugada del sábado la computadora portátil, so pretexto de quemar unos discos del IUS 2005 para sus amigas… En fin. Para esas horas mi niño dormía, y yo alistaba mi maleta, listos nuestros seres para alejarnos de todo y de todos, y ser de nosotros mismos, así fueran setenta y dos horas…

Del sábado 21 al lunes 23 de enero de 2006

Léase Dos blogueros enamorados en Houston , de próxima publicación en este blog.

Martes 24 de enero de 2006

El martes mi Erario Inagotable y yo nos vimos en el Starbucks de Miguel Ángel de Quevedo. Yo no había salido de mi casa más que para ayudar a mi madre a comprar fruta en el mercado que se instala al lado de la Preparatoria 8. Cuando llegué, mi chico ya me esperaba (consecuencia del tráfico que encontré en Río Mixcoac y Avenida Universidad). Se veía muy elegante: seguro que si da clases más de una chica (y algún estúpido que se las tendrá que ver conmigo) intentará seducirlo… Leftover del viaje, conservé un pastelito de chocolate que llegó (a medias, gracias a la gula de mi domus) y aguantó lo suficiente para que pudiéramos degustarlo, mi chico con un capuchino con espuma sabor a vainilla en polvo, yo con un café del día, ambos Venti. Conversábamos, reíamos, nos sentíamos bien, en el local que se vació un poco después de cierto tiempo. Dos chicas sentadas a nuestra siniestra, una con bebé en brazos, le pidieron a mi baby una foto. Por observadores (y por glotones interesados en la conservación del ambiente) notamos la presencia de media chapata apetecible sin tocar en un plato junto a nuestras vecinas. Tras comprobar que ninguna de ellas yantaba tan inesperado manjar, mi mano ágil y mi mirada dispersa pudieron con todo el respeto y el repudio humanos al que me hubiera hecho merecedor, y así mi niño y yo comimos muy divertidos. Tras recuperar la camioneta de las manos del ávido servicio de valet parking, el Señor Erario Inagotable y yo fuimos a uno de nuestros lugares favoritos, El Sótano. Entramos y vimos discos y libros —lo que daría por gastar todas mis quincenas en discos y libros comprados en compañía de tan grato y amadísimo compañero—: a sugerencia de mi chico compré el DVD de Wilde; él consiguió el libro de Cuentos completos de Truman Capote editado por Anagrama que desde mucho andaba buscando. De ahí nos fuimos.

Miércoles 25 de enero de 2006

En la mañana fui al Colmex. Desde ahí recé con Dios por primera vez en años… El motivo: la partida (temporal) de mi chico que cada día se acerca más. Mi niño me recogió en la Universidad. Lo presenté como mi novio a dos compañeras del trabajo (a Lorena, la Dussel girl; y a Diana, quien trabaja con el Dr. Leonel Corona) sin previo aviso de mi (anterior) orientación sexual. El selfouting salió a pedir de boca. El Señor Erario Inagotable escribió un post desde mi oficina (mismo que hasta ayer aparece: fue guardado como Borrador y no se publicó inmediatamente). Viendo la casi absoluta soledad en la que nos encontrábamos en los cubículos del segundo piso del Posgrado, y habiendo mucho deseo y más amor, fuimos a la oficina pequeña (el cubículo 212, marcado en las mamparas del Posgrado como Ayudante del Dr. Dussel Peters) y la mancillamos en silencio, con cuidado de no llamar demasiado la atención. Lo aventurado de hacerlo en mi lugar de trabajo, que en todo caso estaba casi vacío, sólo reforzó nuestra excitación y nuestro deseo… Luego mi niño y yo fuimos a Plaza Universidad. Tras comprar una minigalleta en Mrs. Fields a $12, subimos a la plaza tomada como rehén por los púberes del Colegio México, desavenidos captores que ignoran del todo que el estacionamiento bajo sus pies fue testigo silente del primer atentado con coche bomba en el país (1994, el año en que vivimos en peligro , ¡sic!). Entramos rápidamente a Mixup: en la tienda observamos que los chicos gays pululan literalmente en el espacio urbano del Detritus Federalis. Después fuimos a comer a un restaurante de comida china ubicado en la zona de fast food (observando impotentes la caída en desgracia de la otrora celebrada cadena Helen's). Pudo más el recuerdo de los sabores cajun que nuestra voluntad por comer pizza o semejante: pedimos un menú de arroz frito con tres guisados que sació sobradamente nuestra ansiedad calórica. En fin. Cruzamos luego Avenida Universidad, y fuimos a la librería Daniel Cosío Villegas del Fondo de Cultura Económica. La librería se encontraba sola (o casi sola) a esa hora de la noche: a nuestras anchas recorrimos los pasillos, buscamos los libros que quisimos y los pagamos obteniendo el descuento de 40% sobre el precio de lista con mi (nueva y maravillosa, disculpen tan grosera banalidad) credencial de Becario visitante del Colmex. Compramos dos volúmenes de la Antología Poética de Jaime Sabines, un ejemplar de Otro siglo perdido (1930-2005). Las políticas de desarrollo en América Latina de (Don, debo acostumbrarme a los usos y costumbres colmecas) Víctor L. Urquidi, y una copia de la Antología Breve de Carlos Pellicer. Sedientos (y cerrada la librería y por consiguiente El Café de la Selva) regresamos a Plaza Universidad: en el Bar de Sanborn's leímos algunos poemas de Sabines y Pellicer acompañados de una Coca y de dos curiosos comensales: él, un chico americano corpulento entre aburrido y medio interesado; ella, una chica mexicana no particularmente agraciada con cara de "¡Ya ligué!"; entre los dos, cerveza, chicharrones y restos de piña colada. Mi niño me dejó luego, sano y salvo (si existe EL CONDUCTOR RESPONSABLE ese tiene que ser él) en mi casa…

Jueves 26 de enero de 2006

Habiendo visitado a Cintia a mediodía y después de haber trabajado en la biblioteca del Posgrado de la Facultad de Economía, me quedé de ver con mi niño en El Sótano, para luego decidir qué hacer los dos juntos. Cuando llegué (después de un trayecto de 20 minutos: llueve, y la ciudad se colapsa), no pudo ocultar su sorpresa: mis manos guardaban una carga preciosa y valiosa, una flor iris color mandarina… Me derritió la mirada en sus ojos, saber que siente algo y que yo provoco ese algo… Alguna vez, cuando este cortejo recién comenzaba, el señor Erario Inagotable dejó alguna vez un comentario sobre su tarde lluviosa ideal: pasar las horas en las librerías de Miguel Ángel de Quevedo. Curioso resultó pues que mi baby y yo nos hubiéramos reunido en El Sótano en la primera lluvia del año en la Cité (que alguien me desmienta si llovió el fin de semana: estábamos muy ocupados leyendo en el Barnes & Noble frente a nuestro hotel). Él tenía un compromiso cerca de Parque Hundido en la noche: decidimos ir a la Zona Rosa. El trayecto fue largo, si bien debemos agradecer el que nunca dejamos de movernos, a ritmo de la Condechi Fresa y sus Sabrosos del Ritmo, ¡sí, señor!… Mi niño encontró a la Zona si bien no transformada, si plural en los individuos que la componen. Quedamos en que el día siguiente a su llegada pasaremos la noche juntos en algún hotel gay friendly, para que podamos conocerla y divertirnos a gusto y sin problemas. Mientras tanto, terminamos en El Péndulo (sí, somos unos tetos, no salimos de librerías, alguien podrá diagnosticarnos Diógenes crónico, pero no nos preocupamos). Comimos, él unas crepas flameadas con naranja y brandy con malteada de vainilla, yo una pechuga Keats con piña colada frappé. Abajo, dos gays de edad madura comían el postre, muy señorones los dos; una pareja de joven y maduro cenaba tranquilamente; tres amigos igual de yuppies y hermanos en Proust conversaban confiada y dicharacheramente. Compramos (¡otra vez!) libros, y mi chico me dejó en la parada del Metrobús enfrente del edificio de Hacienda con el plantón permanente de trabajadores del INEGI o sabrá Fox y Gil Díaz de dónde…

A manera de epílogo, inconcluso o "Y es que no solamente se va mi novio, se va mi mejor amigo…"

(De súbito me vino el recuerdo de nuestra primera noche juntos, paseando por el Zócalo iluminado por las luces navideñas, las motas de algodón de azúcar flotando en el aire, los niños corriendo, los adultos perdiendo el tiempo, nosotros caminando antes de regresar al Hotel Catedral, nuestros cuerpos abrigados, nuestros corazones calientitos, nuestros seres enteros vibrando por lo que apenas anticipábamos y jamás imaginamos que podía ocurrirnos)

(Y sin embargo nos ocurrió)

(Te extrañaré)

(Esto será sólo un paréntesis)

Te amo

Esto es y será el libro completo

10 Comentarios:

A la/s viernes, enero 27, 2006 7:14:00 a.m., Anonymous Anónimo dijo...

son como las matemáticas.

solamente hay que demostrarlo.

 
A la/s viernes, enero 27, 2006 12:03:00 p.m., Anonymous Anónimo dijo...

Gosh, ni siquiera fui por un vaso con agua para calmar la sed; pudo más el querer terminar de leer el relato antes que cualquier otra cosa.

Gracias por permanecer juntos, gracias por permitirnos ir al lado de ustedes, acompañándolos en su amor.

 
A la/s viernes, enero 27, 2006 12:25:00 p.m., Anonymous Anónimo dijo...

Cada dia es un extasis leer esta bella historia, la he vivido - y yo creo que los demas lectores tambien - paso a paso, y ya quisiera poder leer el capitulo en Houston, ademas de ver las prometidas fotos, bien por ustedes, Felicidades !! por que hasta aqui se percibe el amor y la magia intrinseca entre ambos.......thanks for sharing it with us !!

Alex Carballar

 
A la/s viernes, enero 27, 2006 3:45:00 p.m., Anonymous Anónimo dijo...

OK Pues también les agradezco que compartan con el auditorio (¿videotorio?) paso a paso el transcurrir (espacial y vivencial) de su amor.

Saludos!!!

 
A la/s viernes, enero 27, 2006 7:14:00 p.m., Anonymous Anónimo dijo...

Este blog ha sido eliminado por un administrador de blog.

 
A la/s domingo, enero 29, 2006 1:20:00 a.m., Anonymous Anónimo dijo...

Fray Cobayo dice:

01:15 am. En la Universidad Madero el servicio de limpia hace -escandaloso- su trabajo; es sucio, pero alguien debe hacerlo.
Mi computadora se pasa de fresa... ódiola por no dejarme leer a gusto y por tardar media hora en abrir su blog a medias. Grrr. No vi fotos, no leí todo el relato y amenazo con caerme de sueño sobre el teclado. ¿A qué viene todo esto?
Al vacío tal vez, que no sólo pende filoso sobre mi cabeza, sino que se instala comodino en el epicentro de las entrañas.
Boté la tesis, terminé mi proyecto a tiempo y ahora sólo es tiempo de esperar a que la consecuencia de mis actos me golpeén. Espero que para bien... bueno, de antemano sé que la tesis no va para bien ¿Pero por qué le escribo todo esto? No lo sé... tengo sueño, tal vez se deba a eso... o más bien, necesito decirle a alguien que existo, que no soy lo suficientemente transparente como para que me confundan con el bonito color de las paredes... necesitaba demostrar, de alguna forma, que existo; aún y cuando los espejos no me reflejen, aún y cuando las personas no me olviden, aún y cuando ni siquiera yo me reconozca. Existo... sólo eso, tal vez. Sólo eso.

 
A la/s domingo, enero 29, 2006 3:47:00 a.m., Anonymous Anónimo dijo...

Vivencias, emociones, momentos, sensaciones. Todos, todos en este blog. Una palabra, una caricia... hay muchas maneras de amarse, porque el parentesis?

 
A la/s domingo, enero 29, 2006 6:04:00 p.m., Blogger M dijo...

Diablo enlatado: Pero el amor no es teorema...

Imoq: Gracias a tí por seguirnos leyendo, no te deshidrates :P.

Alex: Houston... se las debo. Lo escribo pronto.

Ocho: Saludos! Feliz Cumpleaños!

Cobayo: Usted existe más que todos nosotros juntos.

Xavsje: Porque uno de los dos hace mutis, parte, y con él parte mi corazón... Hasta que nos volvamos a ver.

 
A la/s lunes, enero 30, 2006 7:18:00 a.m., Anonymous Anónimo dijo...

Es una historia muy bonita, y mas la respuesta de si. quiere ser tu novio..un beso dice todo, un beso vale mas que mil palabras..felicidades

 
A la/s lunes, enero 30, 2006 11:55:00 a.m., Blogger M dijo...

Místico 13: Y me sentí mal de no entenderlo... de esperar un sí por respuesta... me sentí fatal. Pero el hecho es que somos novios, y eso me tiene muy contento.

 

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