Houston (segunda parte: domingo 22 de enero de 2006)
Continúa de Houston (primera parte: sábado 21 de enero de 2006)
La mañana del domingo fue mágica. Cuando mi baby y yo despertamos, uno en los brazos del otro, mullida cama y mejores almohadas mediante, dimos cuenta desde el inicio de un espectáculo para el cual no tuvimos palabras. La niebla empezaba a cubrir todo Houston Uptown. Primero no pudimos ver la plaza del Starbucks frente a la gasolinera, en contra esquina de la manzana del (siempre cerrado) Dillard's, luego se hizo invisible la plaza de Old Navy y Barnes and Noble (definitivamente nuestro place-to-be de ese día) y por último, la niebla subió y cubrió el hotel entero por fuera, hasta llegar al balcón de nuestra habitación.
Si despertar al lado del hombre que amas es de suyo una experiencia fabulosa, la niebla la hizo apoteósica. Mi baby y yo abrimos las cortinas de par en par, y sostuvimos otro dulce embate amoroso en nuestro lecho, con la luz del sol difuminada por la alegre condensación del agua en tan singular fenómeno de la naturaleza houstonesca. Es el día que escribo y no puedo olvidar los ojos de mi baby minutos antes del orgasmo: ventanas del alma pura que tiene mi niño, confirmaban una realidad que, dos meses atrás, nos era ignorada. "Te necesito", me decían, "te necesito, sin ti me muero, no me sueltes, no me dejes". En el instante culmen, termináronse de fundir nuestros cuerpos una vez más… una sola mente, un solo espíritu, un solo corazón.
Nos bañamos juntos con el shower kit del hotel Westin. Sentir su piel enjabonada es vestir ropa de seda. El cuerpo de mi baby es liso y terso cuando la jabonadura y el agua sorprenden hasta el último rincón de su templo. Nos secamos y vestimos juntos. Nos pusimos chamarra: hacía más frío y más que llover, caía una especie de rocío que terminaba humedeciéndolo todo en la Ciudad. Decidimos no desayunar y mejor hacer una comida fuerte en todo el día: la noche anterior habíamos comprado jugos (y Snapple de kiwi y fresa) en la gasolinera cercana a The Galleria.
Salimos del hotel, abrigados y con mi (inservible) paraguas. Decidimos que no lo íbamos a usar: apenas cruzaríamos la calle para ir a Barnes and Noble, Old Navy y CompUSA. Fuimos primero a Old Navy: ¿por qué la cadena de ropa tan barata y de tan buena calidad no se establece en México? Es una pregunta que se quedará sin respuesta. Sea. Vimos ropa a hartar. Recuerdo que me gustaron particularmente unos shorts con bolsas a los lados y un rompevientos azul. Terminamos comprándonos camisas: dos de ellas resultaron (deliberadamente) iguales, como las sudaderas Aéropostale que compramos el día anterior en la noche. La camisa de luchadores de sumo seguro hará juego con el último regalo de mi jefe, adquirido en Catay: un saco Mao de dos vistas, una azul terciopelo y la otra roja bordada con motivos chinos…
De Old Navy pasamos a una tienda de liquidaciones de cuyo nombre no quiero acordarme… Olía a rayos, y lo que nos dejó callados fue que la gente se paseara como si nada, moviendo sus obesas humanidades entre la ropa y los artículos varios fuera de temporada…
Sigh . Nos fuimos a CompUSA. Aún recuerdo los tres años entre secundaria y preparatoria en los que me llegaba por suscripción la revista PC World . Eran tiempos aquellos en los que la tecnología me tenía francamente fascinado. Creo que hasta colapsaba a propósito a mi pobre Acer Aspire con Windows 98 para poner a prueba mis conocimientos… En fin, tal época acabó, pero la innegable herencia que dejó basta para apreciar la disposición de la tienda. Pasillos de Memorias RAM sucedían a los de cables USB, y así sucesivamente… Aproveché para comprar un paquete de tres memorias portátiles USB, una para mi padre, otra para mi hermana y otra para mí (mi memoria Lexar, regalo de navidad 2004 del Dr. Dussel, expiró extraoficialmente a principios de diciembre del año pasado, beware). Mi chico compró un fabuloso disco doble (al parecer CD y DVD) del especial de Navidad de Charlie Brown: todas las pistas en versión jazz y grandes bandas.
De CompUSA fuimos al que se transformaría en nuestro paraíso durante el viaje: la librería Barnes and Noble. Los dos traíamos las feromonas hechas trizas: el aroma que salía del Starbucks adentro de la tienda se mezclaba con el olor a libros nuevos… La atmósfera, que-te-vienes. Empezamos por seleccionar libros con descuento. Mi niño compró libros de excelsa calidad al por mayor. Parecíamos niños en Toys 'r Us: mi baby me alertaba con sus tantos "¡Ah!" y "¡Oh!" los libros que sus intereses le exigían… yo no paraba de exclamar un chilanguísimo "No ma…".
B&N es definitivamente superior a Gandhi y a El Sótano... Parecía que nos hubieran leído la mente: dos pisos de existencias, alfombra para sentarse a todas nuestras anchas, oferta editorial variada e interesante, personal bien dispuesto y servicial, buena música… Mientras yo cuidaba los libros por adquirir y ropa comprada en Old Navy que, acopio de los dos, descansaban en el suelo, mi niño subió a revisar el primer piso de la librería. Luego yo hice lo mismo. Terminamos llamando la atención de los vendedores: no podían pasar desapercibidos la inusitada cantidad de libros que entre los dos cargamos, la cantidad de horas que habíamos pasado leyendo, hojeando y ojeando libros y revistas mil y la cercanía que mantuvimos (roces, abrazos, caricias, miradas, besos en las mejillas y manos asidas) que finalmente delataría nuestra relación a los ojos de la más impensada de las personas presentes en la librería…
Decidimos llevar toda la mercancía comprada al cuarto del hotel. Estábamos cansados. Dormitamos un rato, no por mucho tiempo: Carpe Diem, parecían gritarnos las paredes del cuarto que, silenciosas, no protestaron ante nuestro enésimo arrebato de caricias con ropa…
Bajamos al área de comida rápida de The Galleria. La idea original de mi baby era comer pizza ese día… Terminamos comprando los platillos que ofrecían, por $5.99 cada uno, Big Easy Cajun y Master Wok, el restaurante chino de al lado. Los sabores de una y otra comida se confundían: lo anterior confirmó nuestras sospechas. Ambos negocios eran administrados y los platillos preparados por chinos avecindados en Houston. Con todo, la comida china fue superada magistralmente por la Cajun… Salivo al recordarla.
En fin. Ese día decidimos recorrer la parte de The Galleria que nos hacía falta, no sin antes pasar por The Disney Store a por los últimos peluches y recuerdos de tan familiar marca para los habitantes del planeta Tierra. En la fila para pagar escuché a cierto individuo entrado en años hablando en alemán por su celular. Aventurado, le dije, entre afirmando y preguntando: „ Sie sprechen gut Deutsch. Kommen Sie aus Deutschland?". El sujeto en cuestión estaba de negocios en Houston y compraba un Mickey Mouse como regalo para su hijo en Alemania. Me preguntó dónde había aprendido alemán y si lo había escogido como idioma en la escuela. „ Nein, man muss Deutsch im Goethe Institut oder in andere Schule lernen". Nos despedimos amablemente, ante la consternada mirada de dos afroamericanas en la cola que no entendieron ni Mütter. Mi niño me miraba con los ojos salidos... „Presumido", me decía, y se reía... „¿Qué tanto se dijeron?".
Descubrimos que el Laredo National Bank se ha vuelto parte del Grupo Financiero Banco Bilbao Vizcaya Argentaria. Fuimos a Foleys , a Saks Fifth Avenue (en donde nos quedamos fascinados por las zapatillas Puma), a la nefastísima tercera sección del mall (se nota que la construyeron apresuradamente, sólo hay acceso por el estacionamiento y por Saks), a Macy's (en donde nos enamoramos de las corbatas, los trajes y las camisas hechas a la medida y nos escandalizamos por el obsceno precio de las t-shirts con la imagen de Mickey Mouse y las Ninja Turtles, vendidas en tiendas de México y España como artículos nada onerosos). No recuerdo si visitamos Neiman Marcus el sábado o el domingo. Qué más da. Lo que sí recuerdo es que fuimos a Victoria's Secret a comprar cremas para el cuerpo de fragancias exquisitas. Hacer fila para pagar fue toda una experiencia: éramos los únicos hombres…
He de aclarar a todos los apreciables lectores que mientras hacíamos compras, platicábamos de todo un poco: del dolor que acusaban nuestros cuerpos por las afanosas y deliciosas sesiones de goce carnal de la noche anterior, de nuestras vidas en México, de cómo seríamos felices trabajando en una librería, del pasado, del presente y del futuro. Los dos estuvimos (y estamos) de acuerdo en una cosa: el viaje a Houston fue el mejor de todos los actos irresponsables de nuestras vidas… Sex, books, and Cajun roll. Íbamos de la mano, del brazo ( como esposos, decía mi baby), caminando, alegres, divertidos, enamorados. Más bien pocas personas volteaban a vernos. Mi baby se dio cuenta de una blondie girl que nos vio y (de inmediato) hizo mueca de asco. Para lo que importó…
Tras averiguar que el cine más cercano quedaba a cuatro millas de distancia (millas gringas de cuadras inacabables y autos pasando a toda velocidad por las freeways), dejamos para mejor momento Brokeback Mountain. Regresamos al cuarto. Mancillado el elevador del hotel, preparé el café Starbucks de cortesía en la cafetera del cuarto… Mi nene se acostó en la cama, le llevé el café hasta el buró y, sorbo en la boca, lo besé… Desvestirse y deleitarnos con nuestras bocas calientes por el café fue EL LÍMITE… No contaré qué hicimos con los sobrecitos de azúcar… Baste decir que la imaginación es el mejor de todos los suplementos para la actividad sexual …
Nos vestimos. Más entrada la noche, salimos (¡otra vez!) a Barnes & Noble . Imaginad nuestra sorpresa cuando cierta dependienta (veinticinco o veintisiete años, complexión mediana pasada un poco de peso, cabello corto rubio peinado en picos hacia arriba, piercing en la ceja) nos abordó cariñosamente. "Hey guys! Again?! That's so cool. You are here again, you will buy another whole bunch of books. I must tell you something (gesto cómplice). Last time you were here I saw you were holding hands. I'm a lesbian myself (gesto de orgullo en la cara) and I though, 'Hey, I have to say to these guys how nice it seems to me that they are boyfriends and that they do not care to show their love in public'. For us lesbians everything is a lot easier than for you guys, to express love and affection and to kiss in public and to hold hands and…Well, are you from here? No? Oh, so you come from Mexico ! (gesto de interrogación absoluta) Is it real that there is too much discrimination there? I mean, Houston is not such a big city, but… Well, I just have to say that you look marvelous together, way to go boys! (gesto de alegría)"
Nos quedamos un largo tiempo en la librería, hasta las diez menos diez de la noche. leímos los títulos de todos los libros de la sección Gay and Lesbian. Subiendo las escaleras, mi niño empezó a leer la biografía de Thomas Jefferson (le tomé una foto, he really looks hot reading a book: sexy, intelligent man ). Me quedé con ganas de pasar un día entero en la sección de History, de Poetry, de Fiction . Mi baby consiguió un ajedrez de Charlie Brown estupendisisísimo (¡sic!). Lamentamos terriblemente que las bolsas de tela de la tienda (tipo Gandhi de mezclilla o Mayersche de tela de trapo de cocina) costasen $14, lo que un libro. Obviamente la compra no compensaba… Mi niño consiguió un libro estupendo sobre el efecto que el serial favorito del mundo, The Simpsons, ha producido en la sociedad global. Yo compré un libro estupendo (que de seguro me hará temblar) sobre ser gay y tener fe en Dios…
Al salir devenimos testigos insospechados de una movilización policial americana en la parada de autobús frente al hotel ( The Westin Oaks). Un auto de factura no reciente (ultra noventero) se había subido a la banqueta, pocos metros antes de la parada del autobús. No se veía ocupante alguno sentado: dos bultos delataban dos personas, un hombre joven y una chica, desvanecidos a todo lo largo de los asientos. Mi niño se asustó mucho. Pronto llegó la patrulla, una ambulancia, dos grúas y (el que parecía) un agente del FBI. Los policías llamaban afanosos por la ventana. Tuvieron que forzar la chapa de la puerta del copiloto para sacar al joven de (supuesta) ascendencia árabe. Un pequeño grupo de curiosos (no pasaban de diez) se congregó alrededor de la escena. Ante mi insistencia y nuestra creciente turbación, decidimos irnos.
Fuimos (algo nerviosos) con nuestras compras al Starbucks (abierto las 24 horas, AutoStarbucks incluído, con venta del polvo de vainilla, chocolate y avellana que en México apenas y se ofrece en cantidades exiguas en la barra para preparar el café al gusto del cliente), en la esquina contraria a la gasolinera cercana al hotel. Compramos dos cafés helados en botella y dos rebanadas de pastel, mismas que compartimos primero en una mesa mojada y fría, en el exterior y por último en una calientita (si bien ruidosa) esquina del café. Mi Erario Inagotable y yo platicamos de todo, leímos los libros que recién habíamos comprado, nos tomábamos fotos, hablábamos en español, en inglés, librando con la cercanía el ruido que (constante indiscreto) interrumpía por momentos como alarido de macacos nuestra conversación. Todavía me pregunto cómo pudieron estudiar Cálculo el chico y la chica sentados a nuestra siniestra (bueno, quizá como Javi, Brenda y yo estudiamos Estadística en Sanborns y Econometría en Starbucks Parroquia)…
Caminamos por la parte trasera del hotel. Subimos por la calle entre Dillard's y el hotel, Hidalgo Street. Tomamos foto a la entrada del rascacielos al lado de The Galleria. Doblamos por Post Oak Boulevard. Nuestras sombras quedaron digitalizadas por mi fiel Cybershot. Le dimos la vuelta a la (inmensa) cuadra de The Galleria . El frío arreciaba: mi nene aguantó estoico mis quejas al respecto (soy demasiado friolento, yet I like it when it's cold)… Al final disfruté mucho más el paseo. Y es que en realidad un paseo no importa por los lugares que uno visite, importa por lo que vas pensando en el camino que tú mismo haces, importa por la persona que te acompaña, importa por la curiosas circunstancias que hacen posible que en ese momento y lugar los dos estén juntos, contra todo y pese a todo.
Pasamos a la gasolinera a por jugos, Snapple, un Mamut (orgullosamente Gamesa), chocolate (Three musketeers?) y pan de plátano. Los dos blogueros enamorados regresaron así a su cuarto, cansados y satisfechos, a tomar un baño de tina, por separado (único punto negativo para la habitación: en la bañera no caben dos personas a un mismo tiempo). Mientras mi nene se relajaba tomando el baño, yo le leía poemas. Pellicer desgranaba el tiempo y dibujaba lo divino y lo humano en nuestro encuentro.
¿Dónde pondré el oído que no escuche
mi propia voz llamarte?
¿Y dónde no escuchar este silencio
que te aleja espaciosamente triste?
Yo camino las horas presenciadas
por los dos, en nosotros.
Sé del fruto maduro de las voces
en campos de septiembre.
Sé de la noche esbelta y tan desnuda
que nuestros cuerpos eran uno solo.
Sé del silencio ante la gente oscura,
de callar este amor que es de otro modo.
Mientras llueve la ausencia yo liberto
la esclavitud de carne y sola el alma
cuelga en los aires su águila amorosa
que las nubes pacíficas igualan.
Ya no sé caminar sino hacia ti
por el camino suave de mirarte
poner los labios junto a mis preguntas
-sencilla, eterna flor de preguntarte-
y escucharte así en mí ¡y a sangre y fuego
rechazar, luminoso, las penumbras…!
Ya no sé caminar sino hacia ti.
La rosa de caminos de tu ausencia
alerta en mí el aroma del retorno
y la palabra oculta de su ciencia.
Oigo mi nombre en ti, soy tu presencia.
Luego me bañé yo. Mi niño me leyó un texto de Octavio Paz sobre mi obsesión: textos que hablan de textos, palabras que dialogan sobre palabras.... A fin de cuentas, todo en la vida es logos, discurso ordenador de la existencia, diría T. W. Adorno. Y las palabras en ese texto devoran, tragan, copulan, pedorrean, defecan, huelen mal. Me resultó sencillamente fascinante. Hicimos más café. Preparamos (con el hielo de la máquina del piso 17, la de nuestro piso ya no funcionaba) nuestros vodkas.
Así estuvimos listos para volver a trascender la alteridad y sublimarnos, siendo uno, sin estorbos, sin pausas, sin concesiones, sin barreras.
Aún lo siento adentro de mí.
Tal fue el diferencial de temperaturas esa noche (tanto transpiramos, tanto frío hizo afuera) que pude dibujar en el rocío depositado en las ventanas de aquella habitación (la 1803) un corazón con nuestras iniciales. Me arrodillé, sobrecogido la negrura de la noche perturbada por las luces de los edificios de Uptown, arrobado por estar con la persona que más he amado (y amo) en la vida, traspasado de fondo por el afortunado golpe que la vida me asestó.
Los dos chicos blogueros que se autoconsideraban hasta el pasado 30 de diciembre los más tetos del montón cerraron el telón, y durmieron desnudos, abrazados, amantísimos, bendecidos y amados toda la noche… Gloria dei, homo vivens: los hombres que viven son la gloria de Dios.
Termina en Houston (tercera parte: lunes 23 de enero de 2006)

10 Comentarios:
no, no soy nada de cobayo. gracias por visitar mi blog, qué bueno que te gustó. qué post tan largo, ¿habrá alguien que lo lea completo? ;) saludos.
Ahhh... fue un viaje lindo sin duda. Lo que NO ENTIENDOOO ni entendere es como pudiste pasar tanto tiempo en B&N, a mi esa tienda me pone de pelos por eso cuando entro ya se lo que voy a comprar (si no acabo igual que uds). Saludos, es usted genial.
Ahhh... fue un viaje lindo sin duda. Lo que NO ENTIENDOOO ni entendere es como pudiste pasar tanto tiempo en B&N, a mi esa tienda me pone de pelos por eso cuando entro ya se lo que voy a comprar (si no acabo igual que uds). Saludos, es usted genial.
querido:
claro, don Manuel Gómez Morin era un gran hombre, no sus pupilos del PAN... ¿has leido el libro de Castillo Peraza sobre él? Está en el FCE.
¿hay cartas de Villaurrutia en el archivo de don MGM?
¿viste la peli de la novela de Cunningham? Colin Farrell se ve lindo...
Borders es mejor que B&N en gringolandia y aqui el cafe del sanborns es mil veces mejor que el starbucks
¡cómo que no te gustó mi adorado Saymour Hoffman en el papel de la locaza esa!
en fin... saludos...
stp
Jorge Pedro: Creo que sí, alguien lo leyó completo... :)
Xavsje: Usted es más genial todavía. Viva Barnes & Noble...
Sergio: No, estoy en eso. De las cartas... No sabría decirte. Su archivo personalísimo está en el ITAM, en la biblioteca del mismo nombre. Todavía no he visto la peli... Borders, I know, pero no estaba enfrente del Westin Oaks. I love Starbucks Coffee, il y a rien à faire... Y creo que la peli no explora al 100% la figura de Capote. En fin, on vera...
Un abrazo.
Yo alzo la mano para decir que si leo todo de pe a pa.......I just love this lovely story!!
Aun nos deben las fotos @ HOU....
No coincido con Sergio, yo prefiero B&N, de camino a mi trabajo hay una, y confieso que me detengo ahi 3 o 4 veces por semana y nunca he terminado de ver todo lo que hay, siempre hay New Arrivals ademas el ambiance que hay ahi te hace sentir como en tu sala....anyway...let's buy wherever...!!
We are pending to read the 2nd part!!
Slds,
Alex C
Amo leerle pero ahora para moi Love sucks ja.
Alex C: Fotos, listas. Barnes & Noble es ley... Es genial... Y falta la tercera y última parte.
20th century boy: Love can never suck, my old chap.
Me encanta, Don Mandarino, cómo nos llevan con ustedes a ese viaje.
Eres genial relatando la historia. Auténticamente estuvimos ahí.
Abrazos :)
Imoq: Y falta todavía el lunes 23... :)
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