Mi corazón parte con él
El viernes por la tarde mi niño me recogió en mi Facultad. Ese día le regalé el mejor de mis humores: sabía que ya eran pocas las horas que nos quedaban juntos hasta su regreso en tres meses, y decidí conscientemente diferir la tristeza y pasar un tiempo lindo con él. Él necesitaba conseguir un fólder de costilla (sic, ese es el nombre de uso común para tan singular artículo de papelería) para proteger unas copias: fuimos al Centro de Copiado cercano a la Facultad, sobre Avenida Universidad, no sin antes comprar dos DVD a un interesante vendedor ambulante (Capote y Brokeback Mountain). Mi chico estuvo en la calle en la cual paso mis días tomando café, almorzando y conversando con los amigos. Ante las nulas existencias de los fólders de costilla, tomamos dos capuchinos y un muffin de Costco en el (por el momento desierto) Café Internet Supranauta. Platicábamos de todo (y yo estorbé el paso de peatones: las mesas invaden casi toda la banqueta), de mi horario, de las cosas que haremos… Caminamos hacia un expendio de fotocopias cercano a mi Facultad: nuestro esfuerzo infructuoso se vio recompensado por la compra de tres discos compactos recopilatorios con obras de literatura hispanoamericana, filosofía y la colección de Batman, el Caballero de la Noche. Nuestro siguiente destino fue la Facultad de Filosofía y Letras. Nuestro trayecto fue interrumpido por diez minutos del examen profesional de una chica en mi antigua Facultad de Derecho. La defensora y aspirante a licenciarse disertaba sobre los poderes en el derecho internacional privado. En Filosofía nos dimos un beso con olor a café cerca de los saint-simonianos favoritos que se reúnen a tomar afuera de la Biblioteca Central. En los puestos del pasillo, compramos un libro sobre la historia de Alemania en el siglo XIX, una película (Medea, dirigida por Lars von Trier) y discos en formato MP3 de Phillip Glass y de Kronos Quartet. Fuimos luego al Centro Cultural Universitario: se presentaba The Mozart Project en la Sala Nezahualcóyotl, un proyecto musical que prometía mucho y que nosotros no vimos porque se agotaron todos los boletos. Nos encontramos a mi amiga Claudia, la que cursaba alemán conmigo, y a su novio, Carlos, en la fuente del CCU, tomando café, lamentando no tener boletos para ir al concierto en la Neza. Terminamos comprando boletos para la película coreana Pinceladas de fuego. La fotografía de la película es estupenda. La historia entretiene bastante: la vida de un pintor coreano decimonónico que devino artista nacional. Sin embargo, al final la película resulta muy lenta. Mi chico y yo nos acariciamos en la sala, protegidos por la oscuridad, nuestras manos una sobre la otra, abrazándonos, amándonos en silencio. Terminada la peli, fuimos a cenar a Johnny Rocket’s de Galerías Insurgentes: mi niño y yo comimos dos hamburguesas, papas fritas, una malteada de vainilla y una Coca Cola flotante.
El sábado mi bien tuvo un compromiso hasta casi la medianoche. Yo lo esperé desde las 20 h en el hotel que vio nuestros embates amorosos. Mis padres (entendiendo que partía hacia Puebla) me dejaron en la Terminal de Autobuses Sur. Un taxi después llegaba a Prolongación División del Norte. Pedí un cuarto. Escribí y comprobé que la pornografía heterosexual ya no provoca en mí ningún efecto, excepción hecha de las escenas en las que prestaba atención al hombre en pantalla… Mi baby llegó. Bajé a por él a la recepción, lo recibí desde que entró al estacionamiento con su camioneta. Se veía estupendo, muy guapo, todo vestido de negro, olía a vino y a pasta. Lo desvestí lentamente: a esas horas yo no usaba ropa interior y traía solamente puesto unos jeans y una sudadera azul. Y así comenzó nuestro embate amoroso: el deseo que los dos sentimos es enorme, pero más grande es el amor que nos mantendrá unidos en su ausencia. Pudimos exitosamente tomar un bao de burbujas en el jacuzzi de la habitación… Bebimos lo que quedaba del Absolut Tangerine que compramos para llevarnos a Houston… Transpiramos, nos amamos, dormitamos para recobrar bríos, nos volvimos a amar, nos dormimos más tiempo, despertamos y nos amamos por última vez hasta que regrese… La noche resultó absolutamente inolvidable. Lo acompañé luego a Pericoapa. Arregló su reloj y comimos pizza. Me dejó a las dos de la tarde en mi casa, bien acompañado de DVDs que veré en las largas y numerosas tardes que habrán de pasar hasta que lo vea.
En un arranque de rabia provocado por mi largo uso de la computadora portátil, mi padre explotó. La situación terminó hasta las dos de la tarde. Su hijo primogénito reconoció su homosexualidad y se deshizo en lágrimas. Mi padre no supo que decir. Tristeza, engaño, miedo, todo lo sintió. “Es que está en la mente cambiarlo. Todo está en la mente. Siempre he creído eso. Son tus ideas, tus percepciones; alguien te las ha de haber metido. ¿Qué es esto, naturaleza, condición, enfermedad? ¿Qué es? ¿Tienes amigos así? ¿No te atrae una mujer? No sé por qué tú, siendo tan inteligente, piensas esas cosas. Pero si me dices que no tienes voluntad para cambiar, para intentar ser normal, pues está bien. No te voy a obligar a nada. Eres mi hijo. Te amo. Te quiero mucho. Cuídate, cuídate mucho. Que no te hagan daño. No te hagas daño tú tampoco”…
Y en este momento, no me preocupa nada más que una sola cosa.
Hoy será la última vez que veré a mi baby hasta que yo vuele a visitarlo.
Cuando menos dos meses y cuatro países nos separarán mañana en la mañana.
Me siento muy triste.
Pero también esperanzado.
Pero nos amamos.
Y a esa certeza nos aferramos.
Tengo alguien por quién vivir la vida.
Tengo alguien por quién vivir.
Será y va por ti.
Te amo.
Ya te espero de vuelta.
El sábado mi bien tuvo un compromiso hasta casi la medianoche. Yo lo esperé desde las 20 h en el hotel que vio nuestros embates amorosos. Mis padres (entendiendo que partía hacia Puebla) me dejaron en la Terminal de Autobuses Sur. Un taxi después llegaba a Prolongación División del Norte. Pedí un cuarto. Escribí y comprobé que la pornografía heterosexual ya no provoca en mí ningún efecto, excepción hecha de las escenas en las que prestaba atención al hombre en pantalla… Mi baby llegó. Bajé a por él a la recepción, lo recibí desde que entró al estacionamiento con su camioneta. Se veía estupendo, muy guapo, todo vestido de negro, olía a vino y a pasta. Lo desvestí lentamente: a esas horas yo no usaba ropa interior y traía solamente puesto unos jeans y una sudadera azul. Y así comenzó nuestro embate amoroso: el deseo que los dos sentimos es enorme, pero más grande es el amor que nos mantendrá unidos en su ausencia. Pudimos exitosamente tomar un bao de burbujas en el jacuzzi de la habitación… Bebimos lo que quedaba del Absolut Tangerine que compramos para llevarnos a Houston… Transpiramos, nos amamos, dormitamos para recobrar bríos, nos volvimos a amar, nos dormimos más tiempo, despertamos y nos amamos por última vez hasta que regrese… La noche resultó absolutamente inolvidable. Lo acompañé luego a Pericoapa. Arregló su reloj y comimos pizza. Me dejó a las dos de la tarde en mi casa, bien acompañado de DVDs que veré en las largas y numerosas tardes que habrán de pasar hasta que lo vea.
En un arranque de rabia provocado por mi largo uso de la computadora portátil, mi padre explotó. La situación terminó hasta las dos de la tarde. Su hijo primogénito reconoció su homosexualidad y se deshizo en lágrimas. Mi padre no supo que decir. Tristeza, engaño, miedo, todo lo sintió. “Es que está en la mente cambiarlo. Todo está en la mente. Siempre he creído eso. Son tus ideas, tus percepciones; alguien te las ha de haber metido. ¿Qué es esto, naturaleza, condición, enfermedad? ¿Qué es? ¿Tienes amigos así? ¿No te atrae una mujer? No sé por qué tú, siendo tan inteligente, piensas esas cosas. Pero si me dices que no tienes voluntad para cambiar, para intentar ser normal, pues está bien. No te voy a obligar a nada. Eres mi hijo. Te amo. Te quiero mucho. Cuídate, cuídate mucho. Que no te hagan daño. No te hagas daño tú tampoco”…
Y en este momento, no me preocupa nada más que una sola cosa.
Hoy será la última vez que veré a mi baby hasta que yo vuele a visitarlo.
Cuando menos dos meses y cuatro países nos separarán mañana en la mañana.
Me siento muy triste.
Pero también esperanzado.
Pero nos amamos.
Y a esa certeza nos aferramos.
Tengo alguien por quién vivir la vida.
Tengo alguien por quién vivir.
Será y va por ti.
Te amo.
Ya te espero de vuelta.

5 Comentarios:
Me da gusto leer que tu Papá pertenece al Club de los padres que les puede más el amor que cualquier otra basura que mete la sociedad y la religión en la cabeza.
¡Felicidades! y bienvenido al Club de los hijos inteligentes que son "así" casi me parece estar escuchando a mi Papá(QEPD)
Qué fuerte, Don Mandarino...
Qué fuerte que tu papá ya sepa, y qué fuerte (y triste, ciertamente) que Lalo se tenga que ir, pero eso es algo que ya sabían que sucedería.
No te preocupes, el amor hará que los dos meses pasen como agua. Yo ya quiero que pasen cuatro para que él regrese y entonces nos reunamos ahora sí. Mientras tanto, deberemos ir planeando una reunión previa contigo, ¿eh?
Un abrazo, ánimo.
"pues ya qué" es la versión resumida de mis padres al enterarse... "no se lo digas a nadie" es la versión resumida de mis padres y su política de mi hacia los demás... "me vale" es mi opinión...
sé que lo que su padre le dijo no es precisamente una declaración de aceptación, más bien de tolerancia, que no es lo mismo... pero por algo se empieza... y sé que a usted, a diferencia mia, sí le importa y mucho lo que sus padres sientan y piensen al respecto... no se preocupe, las cosas poco a poco tomarán su lugar...
su erario inagotable... piense, sr tangerine, que al menos le ha dejado suficientes buenos recuerdos y sensaciones, para rememorarlas, y revivirlos una y otra y otra vez, de aquí a su siguiente encuentro...
la vida... que complicación...
Flavio: Y sin embargo, no deja de pesarme el que inexorablemente sienta dolor por la noticia.
Imoq: Ambos sabíamos. Ambos nos aventamos al vacío. Ambos apostamos. Ahora es momento de seguir. Es menester decir hasta luego. Y sí, creo que sería estupendo planear una reunión con ustedes.
Kike: Esa es la situación. Lo tolera, lo respeta, no me obliga a hacer algo que no quiera... El erario inagotable dice hasta luego, para volvernos a encontrar...
Bienvenido los maricones desclosetados, ahora te sientes crecido, pero a ver si abandonado por el otro degenerado y señalado por tu enfermedad puedes resistir mucho, es cuestión de tiempo para que empiecen los reproches, ya lo verás...
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