IHV: in homo, veritas

croon, v.i., v.t. 1. to sing or hum in a soft, soothing voice -n. 2. the act or sound of crooning -n. 3. croon/er, e. g., Manuel aka Medea Tangerine / Medeo Mandarino / Beso insaciable en mudanza a Ceres, on "How to live as a found 21st century crooner" 4. to love an angel with silver wings like I do: a ciegas, en Braille, como quieras

29.4.06

30 de marzo

Despertamos la mañana siguiente envueltos en el calor de la noche y de los cuerpos que tanto se habían extrañado. San José despierta desde las cinco de la mañana: el sol ya iluminaba todo a la hora en la que mi niño partió, después de arreglarse para el trabajo. Me dejó en la cama a eso de las 8:45 h, con su sonrisa perenne, con su beso galante y su caballerosidad atenta.

Dormité un rato más. Tentado estuve a perderme en el sueño, en la recreación de lo ocurrido el día anterior... Pero era menester trabajar en su computadora un rato más (no habiendo renunciado a mi trabajo en México, forzoso era rehabilitarme en la estima de los mandos altos). No desayunamos. Mi niño me llamó a media mañana, justo en el momento en el que su ausencia me desvió la concentración puesta en Excel y me invitó a regodearme en su memoria. Quedó de pasar por mí a la casa para comer.

Antes que él llegó su room mate. Fue así como conocí a D..., un chico de Guadalajara que ha viajado mucho, algo (o muy) disperso, magro en carnes y de rastas, entregado simultáneamente a la lectura desatenta de National Geographic como a los libros de resistencia a la globalización. Nos saludamos. Mi niño llegó justo cuando D... empezaba a prepararse su comida.

Salimos del departamento. Barrio universitario que es San Pedro, fuimos a comer a uno de los numerosos restaurantes cuyo target lo constituyen los estudiantes de la UCR, Buffalo's. Fue así como conocí el casado, plato típico de la cocina tica, compuesto de raciones generosas de frijoles agridulces, arroz blanco con plátano frito, ensalada fresca, en ocasiones ensalada fría de coditos con atún y siempre, una ración generosa de carne, a escoger (pollo, chuleta, bistec o pescado). Pedimos casado de pescado con frescos. Dimos cuenta de éstos últimos más bien pronto. Mi niño sugirió una cerveza para cada quién... Imperial, of course. Para rematar pedimos una empanada de carne, que resultó exquisita a mi paladar: la masa de harina de maíz frita en aceite participó grandemente...
El cielo se había cargado. Una penumbra extraña avizoraba lluvia. Fuimos luego a una panadería cercana. Las panaderías en Costa Rica hacen las veces de cafés: contaban una variedad de panes si bien no idéntica a la mexicana. Tan pronto como mi niño compró dos rebanadas de queque la lluvia hizo presa de todos los transeúntes. Nos refugiamos en la marquesina de la panadería un rato, hasta que mi niño (quien debía regresar al trabajo) compró un paraguas por el equivalente de 30 pesos.
Nos despedimos con un beso en un cruce de caminos y vías férreas sin semáforo. Yo me fui por las vías del tren a casa. Llegué algo empapado. Reanudé el trabajo, hasta que mi bien regresó a casa. Le abrí la puerta. Tenía algo en la mirada que me advertía lo alegre que estaba por tenerme consigo.
Hicimos el amor... Su cabello estaba algo mojado, como el mío. Recuerdo haberlo tomado entre mis manos cuando me penetraba de frente.
(...)

28.4.06

A Tlaxcala, or Tamaleeeeeeeeeeeeeeees, oaxaqueños, de mole, de verde, de salsa (sic)... ¿De qué le dooooooy?... Disculpe, ¿sí me da la hora por favor?


(la suerte del feo el guapote la desea)
(babeemos, pues)

Conocí a Iván, es estupenda persona. Me ha dejado gratamente impresionado con su latina sapiencia y su mejor trato... Me he quedado boquiabierto ante el uso intensivísimo que hace de las tecnologías inalámbricas y celulares... y más aún, la exhibición personalísima de la fellatio que le practicó un bloguero que merece todo mi respeto. Seguro muchos de ustedes ya lo conocen. Nos la hemos pasado re-guay, hemos estado en Sanborn's y visto muchos blogs y páginas interesantes... Hemos escrito dos posts desde su magnífica conexión de Prodigy (in)Móvil en el Sanborn's de Loreto (como creo que dice Kike, le mato una totola a Slim)... Aquí el desvarío en su blog de esta noche.

Les recomendamos ampliamente la visión afortunada de Diego Santoy Riverol en cuanto medio electrónico puedan imaginarse. Este blog no es muy dado a encuestas, recién comencé una la semana pasada. Sea esta la segunda. Opinen... ¿qué tal se ve el niño en esta foto? Mi novio aprueba su calidad de cute... Nosotros la refrendamos. ¡Sois libres! ¡Aventad tomates al que pronto será de-capitado o mejor aún, únanse a su club de fans!

En fin, creo que estoy fre-né-ti-co. Mañana salgo con los padres y la familia extendida a un lugar en Tlaxcala... La Trinidad. Todo sería lindo y redondo para ser el largo fin de semana del día-del-trabajo-en-que-no-se-trabaja... pero el estado de las relaciones con mi madre no es precisamente algo para vanagloriarse.

Me pone en extremo feliz que mi novio regresa a México... Llega ya, chiquito. Hay mucho por hacer... Espera tu sorpresa, estoy seguro que te gustará y te hará reír mucho... Got to meet some bunch of great fellas, my love...

Escribo prontísimo. En la mejor tradición Condechi, saludos a todos, a Diego, a Maricrí, a Mayumi, a Gotsuki, a la Mataviejitas, a Mijangos, a Lau, a Pau, a Mau, a Leo, a Teo, Cristiano, Judío... usw.

Mañana es hoy hace un mes


Y nunca como en pocas horas será esto más cierto...


Copa Airlines...


Cielos veracruzanos


Cielos centroamericanos


Azul cielo en el aeropuerto de Tocumán


Panamá: la última escala...


Aeropuerto


Bañaditos y a comer


Mall San Pedro


Iglesia del barrio de San Pedro


Concierto


Jazz Café

Mañana hará un mes

Aquella madrugada desperté sudando y con una sonrisa en el rostro. El día había llegado. Mi exiguo equipaje (la maleta Adidas que compré en Alemania para transportar los numerosos libros y guías de museo que compré, la bolsa de dormir que me prestó mi tía Ana, merced a la agradecible intervención de mi primo, y mi mochila diaria y trabajada) estaba listo desde la noche anterior. Tan sólo había dormido dos horas, presa de la emoción que me causaba el tan ansiado encuentro con mi baby.

Mi padre se despertó cuando yo me daba un regaderazo. Mi madre se despertó para despedirme de la manera más amargada y solemne posible. Ahora sospecho que intuía correctamente: no viajaba a Centroamérica sólo por una oferta de trabajo, viajaba para vivir veintiún días con mi novio.

En camino al aeropuerto, las calles y avenidas de la Ciudad de México me resultaron frías, desoladas, un tanto aterradoras. Menos mal que mi padre me llevaba raudo al aeropuerto. No esperó a que documentara: me dejó con maletas y un abrazo en la puerta que da al mostrador de Copa Airlines.

Solo, con sólo mi niño en mente, aguardé a que me llamaran. Experimente un ataque de pánico seguido de sudor frío y alegría inmensa al pensar que había olvidado el voucher que amparaba la compra del boleto en casa. Para mi sorpresa, mucha gente volaba a Panamá a las seis de la mañana. La sala de espera estaba llena. Llamé a Cintia dos veces, una para avisarle que todo había salido bien, y la otra para despedirme. Llamé a mi padre ya desde el avión: pudo escuchar las instrucciones de seguridad a través de mi Nokia de penoso estado.

A las 6:05 de la mañana el avión despegaba. Cielo limpio, transparente. La ruta de vuelo: Veracruz, Tapachula, luego el espacio aéreo de todas las repúblicas centroamericanas hasta llegar a Panamá. Daban un bodrio de película (no atiné siquiera a saber el título), el desayuno y el periódico Crónica. Decidí diferir la lectura de este último y me concentré en digerir todas y cada una de las palabras de Recinto, de Carlos Pellicer, hasta que de pronto el cielo se despejó y el avión comenzó las maniobras de aterrizaje. Un rodeo a la bahía de Panamá me permitió mirar la impresionante entrada del canal y la abundancia absoluta y relativa de rascacielos en la ciudad.

No tuve ocasión ni ardía en deseos de deambular por el aeropuerto. Tan sólo diez metros me separaban del siguiente vuelo a tomar. A las 11:00 el avión salía con destino final a Tegucigalpa, y escala intermedia en San José de Costa Rica, el fin (y el comienzo) de todo mi camino. A los treinta minutos el avión abandonó su ruta por el Pacífico y entró a territorio tico por playas de exuberante vegetación, seguidas de un relieve complicado y montañoso. De regreso al horario de este meridiano, el avión tocó tierra a las 11:17.

Me apresuré a salir del avión. Tras completar ágilmente los trámites de migración, tocó sufrir la execrable espera de las maletas. Me consumía el deseo: a pocos metros estaba mi novio. Todas las células de mi cuerpo me obligaban a salir a su encuentro. Aparecidas las maletas, volé con ellas hasta un espacio de ventanales amplios tras los cuales innumerables taxistas ofreciendo sus servicios. Me asomé. Tardé en ver a mi chico unos segundos que parecieron horas. Ahí estaba él, saludándome con la mano en alto, camisa negra a rayas, pantalón de mezclilla, zapatos negros, chamarra de piel, sonrisa de oreja a oreja y ojos que me fueron negados durante dos largos meses. Salí, y me fue a encontrar a tres metros de la puerta. Salí, nos besamos y abrazamos. Salí, y nos dimos un beso, y la distancia y el tiempo se anularon.

Optamos por ahorrarnos los 18 USD del taxi que mediara los 18 kilómetros que separan al aeropuerto de San José y subimos al camión que nos llevaría a una céntrica plaza donde una triste y derruida iglesia en proceso de restauración mira a un parque silencioso y poco frecuentado. "Es increíble, al fin juntos de nuevo", le decía. "Qué fuerte, ya estás aquí", me miraba. Poca gente había en el autobús. Nuestras voces rompían el silencio observado por los escasos pasajeros. Nos fuimos abrazados casi todo el trayecto.

Llegados a la parada del autobús (no me atrevo a calificarla de terminal) tomamos un taxi. Chispeaba. La lluvia en San José parece no decidirse a convertirse en aguacero torrencial sino en contadas ocasiones. La ciudad, por tanto, luce desabrida y gris, nublada como sólo el valle central de una nación latinoamericana puede estar. Mi niño me mostró la ciudad en el camino. Vi así por vez primera la Catedral y el Teatro Nacional (que me recordó sobremanera a la Ópera Alemana en Frankfurt), el Mall San Pedro, los alrededores de su trabajo y el camino a su departamento, devenido nuestro piso de entonces hasta el 18 de abril.

Pagó al taxista. Subimos las escaleras, un segundo piso. Recuerdo que me gustó mucho el techo de madera. Nervioso pero feliz como estaba, mi novio tardó poco en abrir la reja de metal (triste recuerdo de la inseguridad en México importada a ticos lares) y la puerta de madera, que crujió como cruje con singular alborozo.

Que se cierre esa puerta / que no me deja estar a solas con tus besos. Pellicer tenía boca de profeta. No tardamos en abismarnos una vez más. Reconocer sus labios, palpar su lengua, saborear su cuello, sorber su aroma, fundirme con él… Me llevó a su cuarto, me tiró en la cama, le dejé hacer. Vista, tacto, gusto, olfato, oído: no hubo sentido que dispendiara la fiesta más anhelada que habíamos vivido. Aún me estremece el recuerdo de sus ojos: "Te necesito", me decían, cuando me tenía frente a él, dispuesto a recibirlo. Y libertamos así la esclavitud de la carne, y nos hicimos uno, con las ansias consumidas, sublimadas y consumadas en el más puro de los actos.

Hicimos el amor tres veces, a fuerza de sorbos de cerveza Imperial, de tragos que en su boca sabían mejor. En todo momento el aire que se colaba por su ventana no dejó de asediarnos. Por horas las maletas permanecieron en la sala, por horas yacimos los dos, él encima de mí, yo encima de él, disfrutando y regocijándonos de la más grande manifestación de afecto entre dos seres humanos. Cada mordisco, cada roce, cada beso, cada palabra, cada gota de sudor que se formaba en su frente, cada gemido, cada instante nuevo de placer resultaba apoteósico, magnificado por las circunstancias. Cada embate, cada penetración suya bastaba para afirmar y confirmar lo que sentíamos y sentimos: algo inasible por las palabras (por el amor que me nombra con el nombre sin nombre..).

No me había sentido tan amado y bendecido por Dios desde hacía mucho tiempo.

Nos duchamos. No habíamos terminado de conocernos: sospecho que a este hombre jamás terminaré de aprehenderlo. Eso me fascina. Nos sabemos en la misma medida queridos, en la misma medida dispuestos a intentar cosas nuevas, a trascender lo común, a caminar nuevas tierras. Teníamos hambre. Nos vestimos y fuimos caminando, abrazados y besándonos por las vías del tren al San Pedro Mall, a la hora en la que los chicos y chicas de la Universidad de Costa Rica salen de clases. El frío había arreciado, aunque resultaba menos oneroso salir con el recuerdo del calor recién vivido en la que se había tornado nuestra cama.

La plaza tica es variopinta e interesante. Conviven los negocios de venta de películas y videojuegos claramente piratas con algunas tiendas de corte claramente familiar. Entramos a una librería: no compramos nada, tan sólo nos entretuvimos leyendo revistas y ojeando libros… Apenas me familiarizaba con los colones, con los frescos (aguas frescas sabores mora y té helado). Pedimos una Coca y dos rebanadas de deliciosa pizza genérica. Comimos sentados en la terraza del área de comida rápida del mall.

Pasaba la tarde. Éramos felices. Bromeábamos. Platicábamos de todo, de México, de los amigos, de los blogs, de política, de su trabajo, de mis trabajos. Estábamos juntos. Se hizo de noche. Hacíamos tiempo para el concierto de una corista de Celine Dion, de Québec toda ella, del África sus raíces y su voz encantadora. El Jazz Café situado a pocos pasos de casa se vistió de gala. Alcanzamos una mesa algo alejada de la tarima, a oscuras. Una pareja y un grupo de amigas muy arregladas se sentó cerca de nosotros. Teníamos la barra enfrente. Dos deliciosas piñas coladas, la magistral interpretación de Summertime (so very us) y dos heladas cervezas Bavaria(me declaro fan absoluto de la marca y de su competidora, Imperial) después, podíamos decir que nos la pasábamos deliciosamente. Pudo menos el cansancio y más la dicha de estar con mi niño después de dos largos meses.

Salimos a las 12:30 del lugar. Regresamos al departamento. Nos desvestimos, y exhaustos, contentos y amantísimos, dormimos desnudos, hasta las siete y media de la mañana del siguiente día. Mi niño me abrazó por detrás: su espalda me cobijaba, su cuerpo dormía conmigo, su corazón me insinuaba cuánto me había extrañado. Jamás me he sentido tan protegido en la vida.

No tuve que soñar nada. Mi sueño ya era realidad: la felicidad (ya no dudo que exista) existe y se encuentra a tu lado.

Y todo porque ya no supe caminar sino hacia tí...

27.4.06

No es que muera de amor, muero de ti

No es que muera de amor, muero de ti
Muero de ti, amor, de amor de ti
de urgencia mía de mi de piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Muero de ti y de mí, muero de ambos,
de nosotros, de ese
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estés fuera de mí
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del
mundo,
dichoso, penetrado, y cierto, interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos obscuros e incesantes.
Me muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,
dentro de mí, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.

Jaime Sabines

Distensión

Te saludo con gusto
Yo te nombro

26.4.06

...la quietud de esperarte es vanguardia de heroísmo...

La ciudad está inmersa en un calor insoportable. Cuando anochece, cae una lluvia impertinente. Pertinaz es decir que mi cama, ara donde ofrendo a Deimos todos mis cansancios, arde gracias a los cobertores y colchas que tan necesarios resultan en invierno. Amanezco sudando y sudado. Me desperezo y dejo de abrazar a la almohada, pésimo sustituto del cuerpo de mi amado despertando a mi lado en las mañanas de los días más felices que he vivido en veintiún y medio años.
Tomo una ducha. Mi madre está encerrada en su cuarto. Ve televisión. Se anula mentalmente. Es el suyo un dolor lacerante. Sufre calladamente. Sufre y de paso hiere a sus hijos.
Puede que de ella haya heredado el destino de Medea.
Superada la tragedia diaria que significa su frialdad, me voy.
Recuerdo la exposición de la Colección Jumex que visité en el Museo de Arte Moderno en enero del año pasado. Una pieza en particular atrajo mi atención. Siete sillas, siete aparatos para medir el ritmo cardíaco (por desconocimiento y mero prurito de nombrar lo desconocido, les llamaré cardiómetros). Palabras de la creadora rezaban (parafraseo): "es posible que siete personas desconocidas sincronicen los latidos de su corazón si se relajan y abren lo suficiente". Jamás había pensado que una serie tan caótica (el ritmo cardíaco de n individuos) pudiera homogeneizarse. En econometría el proceso se describiría en términos de homoscedasticidad, varianza estable, variabilidad predecible...
El caos puede organizarse a sí mismo. Patrones autorregulados...
El tedio es insoportable. Mi ser entero vibra y anticipa la vuelta de la encantadora persona cuyo nombre define la felicidad en mi vida. Bravo y valiente, en la paz de su presencia, en el calor de su recuerdo, me regocijo y consuelo.
La vida entera se difiere hasta que él y sus andares regresen.

23.4.06

De nimbos y cumulonimbos que caen, torrenciales

Parte de mí anticipaba que el regreso no sería nada fácil.
Estoy dividido, atravesado entre dos mundos, en dos horarios, en dos países en dos personas -la que pude ser y que de hecho soy con mi niño y la que soy de regreso a la Heimatland.
Los días han sido grises, tan nublados como ha podido estar el Valle de México. Ver Match Point fue un respiro. La segunda película de Woody Allen que mi persona tiene el agrado de ver resultó una experiencia fascinante. La sala entera estaba pendientísima de los giros argumentales. Creo que no se puede estar más de acuerdo con la premisa sostenida a lo largo de la película: la vida depende casi por completo de la suerte. Somos producto de un proceso estocástico. Alea jacta est, hilos invisibles nos gobiernan en un teatro guiñol que cambia en todo momento y deviene teatro del absurdo.
La salida ayer fue todo menos memorable. Una reunión familiar anoche cambió poco mi desánimo. Mi madre me odia, o tal parece ser mi interpretación de sus gestos y actitudes hacia mí. Me he enterado que está triste. Es terrible, puesto que tiempo ha desde que está así. El dolor ya la traspasa y se difunde a los demás miembros de la familia. Parte de mí se siente ominosamente responsable, parte de mí se siente terriblemente dolida por su silencio y su desafecto. Mais qu'est-ce que je peux faire, si elle veut pas parler avec moi?
La lectura desatenta del periódico este domingo no produjo en mí más que bostezos y preocupaciones innecesarias, mismas que he decidido obviar. La garganta me duele, más en las noches que en los días de horas que tardan obcecadas y odiadas eternidades en consumirse. De súbito rechazo el macrocosmos que me rodea. Me siento inútil, enfermo, hastiado. Cuidar de mi niño a distancia, que anda enfermo y que ha sufrido por culpa del oneroso y maldito clima de Jurassic Town, es quizá lo único que me da esperanza y sentido de realidad a todo lo que pasa. EI es la persona que más me conoce, la que más vulnerable me ha visto, la que mejor me adivina.
Cuánto daría por platicar con él de frente en estos momentos de pesadumbre y desesperanza. Cuánto daría por cuidar de él, ver la tele con él, leer con él, dormir con él. Cuánto daría por vivir con él lo cotidiano y lo simple de la vida, porque con él lo superfluo se vuelve necesario, lo aburrido se torna gozoso, lo normal deviene mágico.
Y es que como dice Fray Cobayo, a quien se ama se le piensa, se le vive, se le añora... Y yo añoro a EI con todo mi ser... Imposible es revivir el pasado, pero posible es acudir a él cuando el ánimo decae y todas las puertas parecen cerrarse...
Sea pues. Recorreré en mí los pasos que los dos dimos. Porque cosido estás en mis párpados, y no puedo dejar de pensarte ni de soñarte. Porque eres rayo de luz en la más abismal y aterradora de las oscuridades. Porque eres real, existes, y de tu existencia me arrogo y a ella feliz me abandono.
Llega pronto, adorado y adorable persona objeto de todo mi afecto. Regresa a mis brazos. Kommt zu mir...

20.4.06

Brevísimo

Me quedaría sin una falange
por estar contigo ahora mismo en Gandhi

Sondeando abismos insondeables

Héme aquí, de regreso a tierras tenochcas, asaz sacudidas no por tremendo terremoto sino por la cercanía de la elección de Tlatoani... Julio se aproxima, el futuro nos alcanza, y los ánimos se calientan...
México es ya la Alhóndiga de Granaditas.

Tengo varios pendientes con el (adivino) escaso número de visitantes... Houston 3, por lo menos, y la Crónica de los días más felices de mi vida, vividos recién en algún lugar de Centroamérica...
Es hora de poner las cosas en perspectiva.

¿Qué hago con Inhomoveritas (IHV)? IHV ha cumplido ya un ciclo. Siento que es hora de decidir su futuro...

La palestra está abierta. Tomo asiento. Quiero leerlos. Antes de ir al encuentro del paraíso en la Tierra (irgendwo wo mein Freund ist, anywhere where my boyfriend is) ya tenía una opinión (y un experimento) formada (iniciado) al respecto.

En todo caso, Whitman responderá por mí.

Regreso a Coatlicue

Hay todo (y nada) que decir

Por veintiún días estuve en mi tierra prometida
Dos aviones de Copa Airlines me empujaron de regreso a la defeña realidad de grisácea apariencia
Dos aviones me alejaron de tí dos mil kilómetros
Hay ausencias y despedidas que ni seis gotas de Rivotril alivian

Mi vida
Contigo soy potencia de todo
Contigo soy continente y contenido de muchedumbres
Contigo soy todo lo que de otro modo jamás podría ser

Quedan en mí
tu recuerdo
el sabor de tus besos en la mañana
la dulzura de tu piel en el mar
la arena que abrazaba los cuerpos en la playa
la mirada dulce de tus ojos cuando me penetras
la renovada certeza de que tu nombre significa felicidad y vida

Te extraño

No tardes
Mis brazos te esperan

Addendum
Gracias, Ángel.
We are so very fond of you.

4.4.06

POST #400

Hey y'all...

No, este no es el esperadísimo nuevo post de Manuel. Soy el novio. Manu me pidió escribir este post pero he estado un poquito ocupadísimo.

En fin, supongo que las cosas serán así por un tiempo. De aquí al fin de semana nos escapamos para Colombia (un poco más, aquí), luego semana santa, blah, blah....

Pero que sepan que seguimos al pendiente de sus blogs, que nos fascinan y que nos sentimos mucho muy honrados por la amistad y buenos deseos que siempre han tenido con nosotros.

La estamos pasando de maravilla; más pronto que temprano volverá Manu a contarles todo el chisme.

Mientras, muchos besos y abrazos.

Que los atropelle la felicidad.

El novio.